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lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Cómo sobrevivir a los suegros?

Tanto en la red como en las revistas del corazón, podemos encontrar cientos de artículos que hablan del amor, la pasión o el flirteo bajo títulos como: Luce fantástica para él, ¿cómo ligar en 10 días? o ¿Te estás enamorando? Compruébalo con el siguiente test, pero  nadie en ningún lugar nos  explica lo que pasará después. Sí,  justo cuando ya seguidas las lecciones y  haber encontrado el amor llega el momento de conocer a los suegros.

Personas habemos muchas y  como lo dictan las leyes de la biología y de la psicología, los rasgos característicos de cada uno  varían considerablemente, y supongo que en los suegros no son la excepción.  Y aunque  es interesante escuchar las pláticas de amigas y conocidas que cuentan sus gratas experiencias con la familia de sus parejas, seamos sinceros y realistas, así no fue desde el principio, todos, la primera vez fuimos atormentados por el miedo de enfrentarlos o por la intimidación que nos  aplican con tan sólo escucharlos.

Suegra, suegra, suegra... decir eso es quizás como repetir  tres veces Beetlejuice o invocar frente a un espejo  la misma cantidad de veces a  Bloody Mary, es probable que ese ente aparezca para aceptarnos o rechazarnos definitivamente, así que si después de conocerlos existiera un “próximamente” el futuro de la relación depende de la primera impresión que logremos causar.

Como dicen las abuelitas en sus lecciones para la vida, “hijita, la primera siempre duele”, y vaya que en todo orden de las cosas siempre es verdad. Y cuando se trata por primera vez a la suegra hay que estar atentos porque será el indicio para conocer que tan grande y molesta puede llegar a ser esa piedra en el zapato o esa roca de montaña y con base en eso podremos descubrir cómo se desarrollará la relación entre nosotros y “la nueva familia”.

Convertirse en suegros  es un proceso incluso digno de estudios sociológicos, pues en qué momento esos jóvenes de simpatía única y gracia inigualable se convirtieron en verdaderos fanáticos de la vida de sus hijos, capaces de atormentarles la vida a ellos  y a sus parejas, quienes ingenuos y temerosos  están pasando la misma  situación que años atrás sus padres tanto odiaron.

Seguramente muchos dirán que sus suegros son un amor o una adoración y que no tienen más que halagos para ellos pero definitivamente hay de todo en la viña del Señor y de que los hay jodidos vaya que los encontramos y es mejor estar preparados y conocer esos terrenos para que por el bien de nuestra relación surjan muchos acercamientos familiares más.

Pongamos una situación hipotética, una escena imaginaría en la que nos invitan a la casa de los suegros para una comida que ellos organizaron con la finalidad de conocer a la persona desdichada  que se está robando a la luz de sus ojos. Seguramente cualquiera estaría que se muere de los nervios mientras acepta y responde con una sonrisita fingida todo lo que los señores cuestionan. Pero en los momentos de soledad, si es que nos dejan uno, nos hemos preguntado: ¿qué demonios hago aquí?

Incluso antes de llegar, hay que pasar una odisea porque hay que elegir entre muchas cosas. La primera es la ropa que se va a usar ese día, no puede ser muy atrevido porque corremos el peligro de que la mamá de nuestro novio no nos baje de pu…ro desastre, ni tampoco debe ser muy recatado porque pasa la situación inversa. Debemos usar algo cómodo y casual, algo que nos distinga, que nos haga ver elegantes y refinadas y así evitar las críticas por cualquier flanco.

Otra cuestión a elegir es qué detalle se llevará a casa de los suegros en forma de agradecimiento por la tortura que nos harán pasar, es difícil decidir cuándo nunca los has visto, pero es ahí en donde entra la pareja o el sentido común, el chiste es llegar puntual y con algo para que no te tachen de codo.

Ya durante la comida, es obligatorio “disfrutarla” y controlar los nervios a pesar de sentirse como insecto bajo el microscopio. Será necesario comer decentemente aunque sean tacos, y si llega a darse la “casualidad” que la suegra preparó algo que detestas, en lugar de decir guácala hay que inventarnos una alergia espontanea a los ingredientes.

Algo que nunca debemos olvidar es que uno de los temores más grandes de las madres es que sus hijos terminen en manos de gente inútil o que todo les de  flojera, por eso, será necesario hacer lo que nunca hacemos en nuestras casas, lavar los trastes, levantar la mesa, ofrecer ayuda en la cocina y quizá servir y repartir  algún platillo, lo importante será no quedarse haciendo nada.

Para colmo, mientras se cumple todo lo anterior es necesario cuidarse al hablar, un comentario fuera de lugar como: “su hijo tiene problemas con el alcohol” o que mientras miran las fotos familiares mencionar: “espero que su hijo no herede la calvicie de su abuelo”, pues cualquiera de las anteriores  puede echar a perder toda la velada. También hay que evitar las discusiones porque cualquiera de los suegros te dijo “accidentalmente” el nombre de la ex de tu novio.

Por último, una de las cuestiones más importantes a impedir durante la estancia en la casa de los suegros, serán los cariñitos, que por más merecidos que se tengan después de soportar el infierno no deben manifestarse, pues la familia lo puede tomar como un insulto a la moral o una falta de respeto a la “inocencia” de la pareja.

En cualquier sociedad del mundo los suegros son toda una institución, una marca registrada, casi un estado, son como la burocracia, siempre  imposibles de evitar, pero si lo que sentimos por nuestra pareja  es realmente amor,  sólo nos queda como dicen las abuelitas “huir por la derecha” y aprender a quererlos o a soportarlos con el paso del tiempo.

Deberíamos incentivar a los expertos a elaborar un manual que se llame: “¿cómo sobrevivir a los suegros?” O mínimo que en las revistas del corazón, al lado de los artículos para enamorarse exista un espacio titulado: “Sobreviví”, en donde los afortunados cuenten sus amargas experiencias y las formas que utilizaron para sortearlas, y que sirvan de consejo para  los nuevos jóvenes  y no tan jóvenes que atormentados se enfrentan al evento que cambiará sus vidas.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Una Vocación en la Vida

Nunca me agradaron las personas que mientras yo era una niña me preguntaban si de grande quería ser médico, abogada, contadora o artista,  yo no lo sabía, que tal que quería ser astronauta o  imagínenme como un crack del futbol, ya lo había escrito  Antoine de Saint Exupéry  “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.” 
Pero el tiempo corre más rápido que el viento y cuando entré a la prepa me tuve que responder la pregunta que tiempo atrás ignoré, tenía que empezar a elegir una carrera, debía pensar qué es lo que quería ser de grande, y si de algo me aseguré es que no quería ser una persona adulta que hubiera olvidado ser niña, no quería dejar de indagar ni de cuestionar lo que veía.
Me llegó la hora y entre consejos de la familia, sugerencias de la escuela, charlas entre amigos e incluso los test vocacionales, pude llegar a una conclusión, buscaría una carrera que me permitiera desarrollar la curiosidad que tengo por el mundo, y entre manuales para la inserción universitaria, descubrí Ciencias de la Comunicación, y aquí estoy, cuatro semestres después, con los deseos más grandes de estudiar lo que para García Márquez es el mejor oficio del mundo: el periodismo.
Como es lógico surgieron entre las personas cercanas a mí dudas sobre qué es lo que hace un comunicólogo y qué es de lo que vive,  y es que de acuerdo a cifras de la Revista Académica de la Fedración Latinoaméricana de Facultades de Comunicación, elaborada por Teresa Quiroz, en la actualidad, hay aproximadamente 500.000 estudiantes de comunicación en toda Latinoamérica y se supone que una vez que egresemos habrá trabajo solo para el 30%.
Pero esto se justifica por el problema de la falta de profesionalismo ya que muchos comunicadores ejercen sin título mientras que otros viven de ello habiendo estudiado otro campo de conocimientos, aunado a la tecnificación que está sufriendo la comunicación, por lo que cualquiera que tenga una cámara,  una computadora y otras herramientas ya se siente preparado para trabajar.
Muy a pesar de todo eso, iniciar los estudios en Comunicación es comenzar a transitar un camino repleto de saberes, conocimientos y prácticas que hacen de esta actividad algo completamente diferente a las carreras universitarias tradicionales. Es sumergirse entre experiencias propias y ajenas,  es tener un gran poder encima y optar incorporar  y compartir conocimientos nuevos a diario, es la satisfacción de descubrir buenas historias y poder contarlas con un estilo propio, es la razón perfecta para  saber aprender sobre la vida porque todas las relaciones humanas están condicionadas por la comunicación.
Es también, una forma de incrementar el capital humano y el cultural y de entender a la incomprendida interdisciplina, porque no basta con saber escribir bien, hay que conocer de psicología, literatura, arte, gramática, sociología, antropología, metodología científica y por supuesto matemáticas. Pero también, un comunicólogo debe conocer la realidad que le toca vivir, los problemas que aquejan a sus semejantes; tiene un poco de artista y un poco de adivino, pues debe ser sensible a  cómo funciona el mundo y a cómo podría funcionar, ya que es él quien ayuda a construir una forma de pensar la realidad.
Los comunicólogos, escriben discursos, guiones para radio y televisión, notas para periódicos, y desarrollan investigaciones.  El mundo de la comunicación es dinámico y desafiante. Es un proceso que pasa desapercibido para muchos por lo común que es, pero para gente como nosotros, es más que interesante, es nuestro alimento. Ser parte de la comunicación es fácil y normal, pero conocerla y disfrutarla puede tener como resultado la comprensión, el amor  y el descubrimiento de una vocación en la vida.
Diana Delgado

Compre un auto y despídase del estrés

Cada mañana, cuando llega el momento de despertar y salir de casa para ir a trabajar, nos damos cuenta de las dificultades y carencias que tiene el transporte público  de la ciudad. No importa si se viaja en metro, camión, chimeco o Metrobús, no importa si dejamos de dormir esos cinco minutitos para salir más temprano, o si olvidamos desayunar. El resultado siempre es el mismo. También sabemos que al finalizar la jornada diaria el cansancio es agobiante, el peso de las  bolsas que llevamos se siente al doble, las tripas nos rugen y aunque huyamos, el hambre nos alcanza.

Y entonces, recordamos que el trayecto es largo, y nos topamos todo el tiempo con gente apresurada que le vale que al empujar termine por hundirnos las costillas, a otros que arriesgan su vida viajando colgados por los peseros  y hasta olvidamos reclamar los arrimones “accidentales” de los que hombres y mujeres somos víctimas. En esos momentos críticos, es quizá cuando todos hemos dicho: Sí, ¡Necesito un auto!

La envidia nos gana cuando nos enteramos que el compañero del cubículo de al lado le está presumiendo al de enfrente su nueva adquisición, un deportivo último modelo, un clásico de colección, un convertible de edición limitada o un chevy de dos puertas y cuatro cilindros. Da lo mismo, él tiene coche y yo sigo viajando como inmigrante en condiciones infrahumanas. Y es la sensación de ansiedad, la que nos lleva a decidir el futuro de nuestra forma de transportarnos y  decir: Sí, ¡Me urge un auto!

Tener un automóvil, está asociado con un nivel de vida holgado y confortable, sin embargo, lo que para algunos es un lujo, para otros es una cuestión de integridad física, pues ¿quién no se arriesga viajando en combi? Es por eso que las empresas dedicadas a la venta de coches, han sacado a la luz modelos y  variedades ajustables a todos los lujos, necesidades, estilos y presupuestos, lo importante para ellos, es lograr la comodidad de los habitantes de nuestra ciudad.

Y si lo que le preocupa es el daño al ambiente y el excesivo consumo de combustible, deje de estarlo, porque al margen de las marcas,  las nuevas tecnologías han avanzado en la sofisticación,  ahorro y cuidado de los motores, cada vez son más silenciosos, discretos, potentes, económicos e higiénicos, sin olvidar, claro, la elegancia y belleza exterior que todos deseamos.

En definitiva, lo mejor es tener en mente el tipo de vehículo que necesitamos,  con las funciones que nos hagan falta y buscarlo todo, a un costo accesible, para evitar los desajustes financieros. No cabe duda que tener un coche es la solución a muchos problemas de nuestro tiempo, viaje solo, conózcase, relájese, dígale adiós al estrés y la incomodidad, estoy segura que usted y su familia lo merecen.

Diana Delgado

¿Quién dijo que las mujeres no podemos?

Acicaladas, peinadas y hasta perfumadas es como todos los días salen las mujeres para comenzar la jornada, no importa si son amas de casa, estudiantes, obreras o empleadas, siempre ponen algo distinto, sazonan la vida.

Mucho se habla de la igualdad de géneros, que más que igualdad, pienso se refiere a la equidad, a la toma de consciencia de las diferentes necesidades que tenemos tanto hombres como mujeres, al respeto de los modos de pensar y a estar abiertos a creer que todos somos capaces de participar en lo que el corazón nos dicte, sin prejuicios ni barreras.

Si históricamente una actividad ha quedado a merced de los hombres, esa es la milicia. Bajo pretexto del peligro que se corre en los enfrentamientos o de la responsabilidad que de por sí, implica tener una familia, el sexo masculino se ha adueñado de esta  tarea. Pero ¿es que las mujeres no podemos tener un papel dinámico dentro de las fuerzas armadas? ¿Será viable instaurar el servicio  militar obligatorio en las féminas?

En la actualidad, tener una instrucción militar, es ya una necesidad, debido a que ayuda a reforzar el sentimiento patriótico y coopera en la  formación de la disciplina y del orden de los seres humanos.  El  servicio militar no sólo sirve para dar adiestramiento, también, para que los jóvenes reciban información e instrucción sobre temas de la vida diaria, tal como la  legislación militar, los derechos humanos, el cuidado de la salud, la seguridad pública y hasta una que otra clase de manejo y mecánica general que según el refranero popular, a las damas, mucha falta nos haría.

Como en todo, hasta en el Servicio Militar existen mitos y mentiras que primero afectan las ganas de los caballeros para inscribirse y cumplir con un requisito federal, y segundo, que merma la intención de que la mujer entre a servir a su país. La invención más común es la idea de que por estar en servicio van a ser enviadas cual Adelitas, a lugares donde haya conflicto, sin antes pensar, que son la reserva de la reserva militar, y sólo aquellos que ya estén acuartelados, son los dispuestos a la lucha.

Hacer servicio Militar, es una forma de entregar algo  de lo mucho que nuestro país nos ha brindado, es estar listos y preparados por sí es necesario y esa  gratitud no debe ser propia de los hombres, pues las mujeres,  también tenemos ese sentimiento de amor por México y la intención de mejorarlo.

Fomentar la participación de la mujer en el programa de adiestramiento militar, sería una forma de aceptar nuestra existencia en un país en el que todas tenemos sueños, ideales y esperanzas, en el que se acepta que dos piensan mejor que uno y que eso beneficia más al futuro de nuestro país.

Con la imagen de la mujer joven y entusiasta, justo sería  buscar la  formalización de  la participación femenina en los actos militares y oficiales, brindarnos el  reconocimiento de  nuestros derechos y valores cívicos, así como de las competencias físicas e intelectuales que nos capacitan para enaltecer la imagen de nuestro país,  aunado al  sentido de responsabilidad y emotividad que históricamente nos ha caracterizado.

Y entonces, ¿Quién dijo que las mujeres no podemos?

Diana Delgado