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sábado, 4 de mayo de 2013

Inercias


Después de una intensa jornada de trabajo regresé a mi departamento, me sentía muerta de cansancio y en la casa de enfrente se escuchaba mucho ruido, pisadas, música, risas que peleaban por ser discretas pero resonaban, al principio fueron soportables, pero después sentí que me enloquecían.

Enojada, salí de mi casa y toqué una vez a la puerta del vecino escandaloso. Nadie abrió. Volví a intentar, pero nada. El tercero tenía que ser definitivo, azoté mis manos con tanta fuerza contra la puerta  que terminó por abrirse sola y, como olla de presión,  escapó de la casa un aroma a cigarro, alcohol y sexo.

No contuve la curiosidad y entré. Todo se veía nebuloso, el aire era pesado, la música estruendosa y el calor estaba encerrado, pero no había nadie. Caminé hacia donde se escuchaban murmullos y risas, una de las habitaciones se abrió, salió un joven moreno, ojos claros, cabello rizado y sonrisa encantadora.

Dijo que me esperaban, pero yo sólo miraba su cuerpo desnudo, casi perfecto.

¿Cómo me iba a estar esperando mi vecino?, pensé. Pero no me detuve, seguí andando en esa nube de aromas y visiones sexuales, llegué a la última habitación, la puerta estaba entreabierta, la empujé y el rechinido me erizó la piel.

El cuarto estaba a oscuras. Entré y alguien pasó su mano por mi espalda, tomó la puerta y la colocó en la posición entreabierta en la que la encontré. Sólo se dibujaba una diagonal en el piso por la luz que golpeaba con fuerza la oscuridad.

Sentí que un par de manos recorrieron mi vientre, casi atravesaron mi ropa, la quemaron, me la arrancaron. Quedé frente a él, sentí su cuerpo, lo toqué, lo eroticé.

Nos besamos, nos desesperamos, nos violentamos. Me pidió que arañara su espalda y lo hice tan fuerte que sentí que un líquido caliente recorría mis manos, nadie se asustó por la sangre, al contrario, nos excitó más. Y su cuerpo, cual martillo frente al clavo, se movía con intensidad entre mis piernas mientras me pedía que lo mordiera porque casi se venía en mi interior.

Continuaron los besos, lo lancé contra la pared y en un jalón clave mi zapato entre sus pies,  ese dolor reavivo su sexo, lo llenó de fuerza, lo enrojeció. Me encargué de mantenerlo así, respiraba cada vez más fuerte para tratar de contener el final del momento y yo no podía dejar de lamer su entrepierna. Pasamos de la cama al sillón, nos topamos con el muro y llegamos a la puerta. Ahí donde antes se veía un haz de luz, ahora estaban mirándonos el muchacho de cuerpo perfecto y su acompañante.

Casi arranco uno de sus labios por la fuerza del deseo, quería lucirme para el público, que se viera que yo también sabía cómo actuar. Aseguraste que ya no podías contener más tus fluidos, que sentías que explotaría tu miembro y tu corazón. Hice que no escuché y continué con mi tarea, su respiración se volvía exagerada, jadeaba como perro famélico, me lanzó a la cama gritando que ya era el momento, que debía terminar en mí.

Sobre esa King Size golpeó mis muslos con una fuerza que nadie me había mostrado, se hacía cada vez más veloz y la energía de su cuerpo no se comparaba con el remolino de sus ganas, continuaba golpeando, gemí, soltó una lágrima, tomó mis pechos y arreció el movimiento. Sentí que la vida se le estaba escapando, que me la estaba entregando.

Acostumbrada a la oscuridad ya podía ver el color sanguinolento de su mirada, su rostro que mostraba enfermedad por la desesperación de terminar. Explotó y un grito salió desde sus entrañas, fue un crujir profundo. Luego, el silencio, suspiró, cayó de golpe sobre mí, y yo lo sentí contraído, inamovible, inerte…

Diana Delgado Cabañez

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Infidelidad


Te fui infiel. Es la frase con la que decidí empezar nuestra charla. Como debía ser, tú, recargado en la cabecera de la cama y yo frente a la ventana, listos para hablar de nuestros días, de lo que era la vida pero la diferencia era visible, la verdad quemaba mi garganta, ya no podía besarte con esta lengua que me sabía a sal. Decías que notabas mi ausencia y así lo era, no hacía otra cosa que sentir por él.

Insistí en que no había sido una sola vez, quizá lo dije tan fuerte para que entendieras que estuve con otro, para que de forma inconsciente pudiera decirte que no me hacías sentir tanta pasión como la que brotaba cuando estaba con él, quizá para hacerte saber que quería terminar lo que teníamos porque pensaba fugarme a vivir la locura, el desenfreno, la intensidad de sus brazos. Ante eso tuve tu pasmo, pedías más explicaciones de las necesarias y yo te las di. Después de todo, aún te quería.

Exigiste saber cómo había comenzado todo y la verdad no encontré principio, fue fugaz, fue tortuoso, fue inesperado. Sentí por él lo que no sentí por nadie, nunca. Encontré luz en sus ojos, calor en su sonrisa, placer en sus manos. Viví el desquicio, su sensualidad, la desesperación por volver a verlo. Me apasionó hasta los huesos, fue mi tema, fue mi motivo, me inspiró. Sentí. Sentí. Sentí. Así, así tan de repente me llegó su amor.

Mientras más lo decía, más querías saber, era tu manera de entender, supongo. Continuaste cuestionando  los porqués y yo seguí explicando que ese hombre no carecía de nada, poseía las virtudes que había estado buscando. No sé porqué seguí tu juego y confesé que no todo había sido brutal, físico. Que él es inteligente, valiente, integral, una persona con quien lo mismo se puede tener la mejor noche que la plática más profunda y placentera. Que era alguien cuya voz eliminaba  cualquier murmullo y que embriagaba con sus labios.

Qué loca fui, por un momento esperaba que lo entendieras, pero, cómo ibas a entenderlo, cómo podía hacer que aceptaras que te había sido infiel, ¡qué estupidez! Gritaste y ahora yo me enfurecí, traté de defender mi sentimiento. Sabía que contigo tenía la estabilidad, que con él todo era pasión, todo era sexual, pero me negué a tus reclamos y ahí te conté sobre todos los encuentros que habíamos tenido. Hice que recordaras los momentos en los que notabas mi ausencia y los aproveché para platicarte las sensaciones de recorrer su cuerpo, las vibraciones de sus caricias, de sus manos largas y delgadas  dibujando caminos en mi espalda y de sus labios andando sobre ellos.

Con él cumplí todas las imágenes creadas después de una buena lectura. El vino, los libros y los cuerpos fueron nuestro alimento, no había otra cosa que buscar. Hasta su nombre era perfecto, era el recorrido entre dos lugares en los que siempre había encontrado un asidero.

Lo dije y después todo quedó en silencio. Confesé que hacía dos semanas que lo había dejado de ver, era lo mejor. Preguntaste si seguía deseándolo y respondí que sí, con toda el alma. Pero era ese el momento de retirarse, de dejar que su alma siguiera siendo libre y de hacer que la mía volviera a lo real. Confesé que debí despertar de ese sueño, y que con estas palabras entendieras que después de la infidelidad, esperaba que siguieras caminando junto a mí.
Diana Delgado Cabañez

domingo, 21 de octubre de 2012

Invierno



Bastó la noche en que tocaste a la puerta preguntando sí ahí vivía tu hermano Manuel, tú venías de lejos y yo estaba de visita con mis abuelos, recuerdo el aroma de la loción que usabas e incluso el color de la camisa que se convirtió en tu favorita.

Te indiqué que la casa de al lado era el lugar que buscabas y mientras lo decía, tu sonrisa y tu mirada recorrían el frío espacio de mi cuerpo cubierto por más de dos chamarras. Era invierno, y sé que poco a poco descubriste que soy muy friolenta.

Te vi más de una vez, te quedaste a vivir al otro lado de la calle y de mis pensamientos, nunca cruzamos palabras, pero jamás fueron necesarias. Ahora creo que pudimos pasar nuestras vidas en silencio, tan sólo con los encuentros fugaces de nuestros ojos.

Llegadas las fiestas del mes, tu familia resultó sorteada para organizar la quinta posada, ¿sabías que siempre he pensado que el cinco es mi número de la suerte? Ya habían  pasado las otras cuatro y nosotros estábamos limitados a un par de sonrisas y al recuerdo de la noche en la que tu hermano nos obligó a bailar una pieza.

El día de la celebración a las puertas de tu casa y de la mía había llegado. No sé cómo, pero conseguiste mi número de teléfono porque no me encontraste cuando de nuevo tocaste a la  puerta. Respondí y me invitaste a estar contigo esa noche, en la reunión.

Hiciste de todo para congraciarte, para acercarte, lo fuiste logrando, comenzó cuando me invitaste un poco de ponche de tu vaso y terminamos juntos, hablando, en el sofá rojo que tu hermano y tu acababan de comprar. Nunca pensé que esa invitación a estar contigo hubiera tenido tan profundos sentidos.

Hicimos lo que nunca habíamos hecho, hablamos por horas mientras veíamos por la ventana que la calle poco a poco se vaciaba, nos hartamos de palabras y pasamos a los besos, a las caricias, al roce de nuestros cuerpos fríos y temblorosos; quizá por el frío o quizá por los nervios, siempre hablamos del primero para que las emociones no nublaran lo que ahí estaba ocurriendo.

Metí mi mano en tu cabello y mientras me besabas jugué con tus rizos enredados, nos besamos en la boca, en las manos, en los pies y en cuanto rincón encontramos. Casi arranqué la camisa que apenas empezabas a desabotonar, era la misma con la que te había visto la primera vez.

Recuerdo que mordí suavemente tu oreja y eso te enloqueció, me sacaste la ropa y pasamos, giramos, peleamos y llegamos desenfrenadamente del lado izquierdo al lado derecho de la cama, nos enroscamos tanto, hasta que tuviste que detener tu cuerpo y la respiración, para sólo así desenredarnos.

Nuestros rostros, mis pechos, tu abdomen, nuestras piernas, todo quedó frente a frente, nos miramos, nos reconocimos y nos entregamos con la mayor disposición, entraste en mí para llevarte una parte de mi vida y para dejarme parte de la tuya, quedamos prendados con ese deseo surgido del silencio de nuestros anteriores encuentros.

El viento helado de las calles chocaba con el calor y la desesperación que arrancábamos a besos de nuestros cuerpos, las ventanas blancas del vapor, podían haber sido las delatoras de lo que  estábamos viviendo, pero no lo fueron, se quedaron estáticas e inmóviles, como en el momento en que acabamos extasiados y húmedos de pasión.

Creo que desde ahí lo aprendiste, nuestros cuerpos, separados, son fríos como esa noche de invierno en la que te conocí.

Diana Delgado Cabañez

miércoles, 17 de octubre de 2012

Estamos en una “época de oro” para el periodismo: Jorge Luis Sierra


Diana  Delgado Cabañez

“Con la aparición de internet y de las redes sociales, las posibilidades de que los periodistas ganen audiencia son mayores, sin embargo, hace falta profesionalización”, es una de las premisas que Jorge Luis Sierra, psicólogo y periodista, presentó ante los estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

El egresado de Periodismo Internacional en la Universidad del Sur de California,  comentó que es necesaria la profesionalización de los periodistas en todos los ámbitos de la información, y de acuerdo con los avances actuales de la tecnología, el manejo especializado de redes sociales y herramientas digitales exige una mayor preparación.

“Los usuarios ya no se reconocen en los medios, parece que sus intereses ya no están expresados en periódicos ni en revistas, (…) se ha perdido el periodismo dirigido  a la sociedad”.  Es por ello, que los periodistas deben generar los espacios para ganar audiencias, pensando en los temas que les importan y encaminándolos de acuerdo a sus intereses y a las plataformas que utilizan.

De acuerdo con la información presentada por Jorge Luis Sierra, México está colocado en el cuarto lugar mundial  en cuanto al uso de facebook y en el segundo en relación con América Latina, en este sentido, el tiraje de ningún diario del país se acerca a  la cantidad de usuarios ni de información que se produce en la  red social más importante. Es así como a través de las plataformas tecnológicas, “hoy se puede hablar de una época de oro para el periodismo.”

Con el modo tradicional de hacer periodismo, se juega con una distribución vertical de contenidos, es decir, va de quien escribe e investiga hacia quien lee, sin embargo, “con internet  la producción de la información se democratiza, el usuario deja de ser pasivo y la circulación informativa se vuelve horizontal.”

Desde la perspectiva de Jorge Luis Sierra, Twitter es la herramienta  más útil para el periodista, y aclara que el hecho de usar  redes sociales implica también “un balanceo informativo, un sentido ético, profesional, comprometido con la verdad y con apego a la legalidad por parte del periodista (…) estos aspectos son los generadores de la condición fundamental en el periodismo: la credibilidad.”

Antes de concluir, el también psicólogo recomendó a los estudiantes de periodismo a entrar al mundo digital, a aprender a manejar las herramientas tecnológicas, a darle un uso periodístico a las redes sociales y a pensar en las plataformas digitales como medios para el ejercicio informativo de las nuevas generaciones.

Concluyó al mencionar la posibilidad de “combinar los métodos tradicionales de hacer periodismo con los digitales”, así, el periodista podrá generar su propia  audiencia de acuerdo a los temas de interés, y también, extendería el alcance social de la información, rescatando “el verdadero espíritu de las redes sociales: en el que todos se comuniquen con todos”

   Taller de Periodismo Especializado
Darío Fritz
17/Octubre/2012
 Trabajo 21

sábado, 22 de septiembre de 2012

Disculpe las molestias


Viernes, 8:30 de la noche. Las personas caminan, corren, bajan las escaleras mientras cargan sus bolsos, mochilas y el propio cuerpo después de no sólo una jornada sino toda una semana de trabajo.

La gente sube al metro con mucha prisa, no quieren perder el tiempo ahora que comenzó el fin de semana, esperan llegar a sus casas y descansar como merecen.

Todos nos hemos sentido asfixiados cuando vamos en el vagón, cuando escuchamos los murmullos, los gritos, la música estruendosa del vagonero que pone su bocina lo más cercano a los oídos de los pasajeros, y entre esa molestia general, se oyen las risas de algunos jóvenes que están listos para la fiesta de viernes.


La señora de atrás se recarga en mí, quiero aventarla pero evito decirle algo, carga un bebé muy pequeño y se le ve sudorosa, harta. Nadie fue capaz de darle el asiento a pesar de que todos la vieron subir. No faltó el tipo que se hizo el dormido ni la que volteó a la ventana como si se pudiera ver algo interesante en la oscuridad del túnel.

Por ratos el hacinamiento comienza a tener consecuencias en los ánimos de los viajeros, del otro lado del vagón, se escuchan los reclamos –Cabrón, te estoy diciendo que te agarres del tubo. A mi lado, una niña bosteza como imaginando que va camino a su cama. Las personas, cansadas, apenas pueden mantenerse de pie sin que se les doblen las piernas, ya sea por el agotamiento de estar parado o porque el sueño quiere ganarles la partida.

El calor y los aromas son soporíferos, las ventanas están cerradas y por mi mente pasa la idea de pedir que las abran, pero me detengo, pienso que gritar no haría más que dejar escapar un poco del oxígeno limpio, que aún queda en mis pulmones.

El metro no avanza, los minutos y luego las horas cambian, pasan y se burlan. Por ratos acelera el tren y después vuelve a frenar, todo se acompaña de quejas porque los pasajeros fueron azotados por las intempestivas paradas, y uno que otro quedó aprisionado entre la gente o entre los tubos.

El aire está cada vez más denso, supongo, que al igual que yo, todos van pensando alguna forma para no caer en la desesperación.

Cuando el metro reanuda su camino, los ojos de cada pasajero se van iluminando, nos acercamos al momento en el que las puertas se abren y puede entrar el viento helado, el que llega hasta los huesos.

Hacía falta que escapara ese olor a torta mezclado con calor humano y que secaran esas pieles húmedas del sudor que se iba gestando con la espera.

Bastó un poco más, el metro entraba hacia los andenes. Veinte minutos fue el total de tiempo para llegar de una estación a otra, de División del Norte a Eugenia. Los rostros cada vez se veían más favorecidos, la niña de mi lado murmuró a su papá – ¿Ya vamos a llegar? Estoy aburrida y tengo sed- El señor asintió con la cabeza y sonrió mientras limpiaba el sudor que corría por la frente de la pequeña.

Llegó el momento en el que el tren parecía atrancar, pero las voces del metro que sólo surgen cuando se anuncia algo importante no callaban, –El servicio en la estación Eugenia -decían con voz de cajera de supermercado- está previamente suspendido, por lo que el tren no hará parada en la estación. Disculpe las molestias.

Palestina tras el muro



La exposición fotográfica de Rodrigo Jardón,  “Palestina tras el muro”  presentada en la Galería del Museo Casa León Trostky, ubica un problema social mundial entre los israelíes y los palestinos. Las imágenes ofrecen un acercamiento al modo de vida cotidiano de quienes viven dentro y fuera de la ocupación militar  que Israel  inició en 1967 en Cisjordania, así como las luchas administrativas, sociales, económicas, laborales y culturales de Palestina, como esfuerzos para ser reconocida como un estado independiente.

La muestra refleja, en concreto, las riñas que se dan “todos los viernes” desde la construcción del “Muro del Apartheid”, muro que funciona como un límite que aísla a estas dos poblaciones. En las fotos se observa a los jóvenes palestinos arrojando piedras y tratando de saltar la pared como un modo de pelear por su libertad, mientras que los militares de Israel hacen detenciones violentas y arbitrarias, desalojos, bloqueos de tránsito, retenes para salir de la ciudad y humillaciones raciales.

La exposición se compone de 36 fotografías en distintos formatos: ocho imágenes principales  (20x30), doce medianas (11x14) y dos series de ocho fotos cada una (8x10). Además, al final de la galería se encontraba un muro con aproximadamente 60 imágenes (4x).

Las fotos estaban presentadas en los muros de alrededor, iniciaban unas de formato medio, le seguían cuatro de las principales y enseguida la primer serie. Continuaban otras medianas, de nuevo las grandes, la última serie y en otro muro, cerraban las más pequeñas.

Las principales mostraban paisajes de Palestina, las medianas son de los retenes militares, de personas y de lugares públicos. Mientras que las series mostraban en ángulos (y muros) contrapuestos las reacciones con la construcción del muro. En un lado la inconformidad palestina y por el otro la defensa israelí. Todas estas piezas colgaban de la pared a una altura media, estaban enmarcadas y tenían su pie de foto. Las series se exponían en pares, formando un rectángulo de cuatro filas.  El muro final, ilustraba las expresiones gráficas (dibujo y escrito) que los habitantes, turistas y defensores han hecho en el muro, eso permitía apreciar el sentir internacional  en su conjunto.

Surrealismo. Vasos Comunicantes



La capacidad imaginativa y la sugerencia de sus construcciones mentales significaron una revolución artística justo después del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Freud ejerció gran influencia en el movimiento Dadá y Surrealista, André Bretón se dedicó a estudiar el psicoanálisis y las conclusiones freudianas  a través de sus teorías sobre el mundo autónomo creado por los sueños, del automatismo de la mente; así como de la profundidad y oscuridad del inconsciente, a partir de estos estudios, nació la necesidad de expresar lo que se obtenía de los estados hipnóticos que los propios artistas se inducían con el fin de buscar en lo más hondo del pensamiento.

Sin tener como interviniente a la razón, la corriente surrealista construyó de manera poética una serie de métodos y estilos que permitieron descifrar los secretos internos y expresar un cúmulo de significados más allá de los latentes.

Para la exposición realizada en el Museo Nacional de Arte, MUNAL, participaron  alrededor de 60 artistas nacionales e internacionales  mostrando 120 piezas entre pinturas, esculturas, fotografías, grabados, dibujo y video. Se le suma una instalación que simula un “cadáver exquisito” y una sala donde gráficamente se agrupan en un “café” y de manera cronológica, los artistas que dieron pie a la muestra.

En el sentido de pretender distinguir si una obra entra en el juego del surrealismo y siendo que no cuento con herramientas de análisis bien desarrolladas  podría considerarse quizá que algunos pintores latinoamericanos y europeos no son surrealistas, en el sentido de que no estaban preocupados por representar, a través o no de abstracciones, al pensamiento humano; siendo éste el objetivo principal que dio nacimiento a la corriente.

Y en lugar de ello, estos artistas  trataron de cubrir los requisitos gráficos, plásticos e incluso estéticos del surrealismo, dando la impresión de que se basan en un auténtico estudio del inconsciente a través de los sueños, sin llevarlo a cabo. Un ejemplo bien marcado en la exposición de esta disidencia es Frida Kahlo, quien personalmente rechazaba el mote de surrealista al decir que sus obras no podían pertenecer porque ella no pintaba sueños sino su realidad.

Expresionismo alemán en Bellas Artes



El expresionismo es una corriente que buscaba, como su nombre lo anuncia, la forma de expresar los sentimientos y las emociones del artista, en lugar de presentar la realidad pre y post guerra que se vivía en Austria y Alemania a principios del siglo XX.  Las 249 piezas que se exhiben en el Museo del Palacio de Bellas Artes, provienen a préstamo del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.

El movimiento se caracterizó por el resurgimiento de una técnica que consideraban primitiva; el grabado en madera. Resaltaban, en su mayoría, las líneas toscas y la estética plana propia de  la técnica; hecha a partir de pedazos de madera, lo cual, eliminaba cualquier intento de profundidad.

La xilografía y la litografía fueron los principales métodos  con los que el expresionismo alemán se extendió, sin embargo, también se utilizaron técnicas como; gouché, aguafuerte, acuarelas, punta seca, carboncillo, pastel, óleo y tinta. Del mismo modo, se usaban matrices en madera y metales, así como bases de tela y papel.

Los colores fuertes, los tonos oscuros, las líneas retorcidas, la falta de formas duras y la casi nula  atención en la perspectiva, resaltan la inestabilidad de los artistas, y sirven como reflejo del sentimiento de la sociedad a través de escenas dramáticas. Del mismo modo, surge la idea de la espiritualidad como un método de  acabar con el materialismo y corrupción de la época. Es aquí donde florecieron la abstracción, el simbolismo y el exceso de color de Kandinsky y Franz Marc.

La mayoría de los artistas de la corriente muestran un compromiso con los problemas sociales y políticos de su tiempo, esto se ve más reflejado a partir del inicio de la Primera Guerra Mundial, en donde los grabados destacaban por los tonos negros y sus imágenes fuertes, mostrando heridos, familias separadas e incluso las propias impresiones de los artistas que como ciudadanos, tuvieron que enlistarse o participar en los servicios médicos militares. La desesperanza se reflejó y a partir de ese momento y hasta la posguerra, el concepto del expresionismo retomó un mayor compromiso.

A lo largo de la posguerra y del establecimiento de las políticas de renovación en Austria y Alemania, la sociedad dejó de confiar en el arte, entonces los trazos se volvieron indiferentes, duros, sin formas claras, los artistas presentaban autorretratos inexpresivos, hicieron un mayor uso de la punta seca y aguafuerte; sin embargo, la xilografía y litografía fueron los más utilizados. Quizá por la experiencia, pero cada vez los trazos eran más exactos, las perspectivas más planas y la ausencia de color más notable.

“Siempre Di Nunca” A. Magallanes



“Siempre di nunca” es la primera exposición museográfica de Alejandro Magallanes, un mexicano que ha destacado por  la creatividad en sus carteles para cine, teatro y con los que hace lucha social (No + Sangre).

La exposición muestra una variedad de formas y de representaciones artísticas que van desde la fotografía, el dibujo y la instalación tanto en video como de objetos, todos bajo una línea de humor negro y constante ironía.

Destaca la forma en que el artista presenta sus obras, algunas enmarcadas o en mesas, otras en el piso y unas más dibujadas en las paredes.  Los títulos  de cada una se encuentran escritos a mano sobre los muros; unos invitan a imaginar los nombres y otros ya lo tienen, pero de un modo ácido. Lo cual hace que la atmósfera se torne más lúdica y relajada.

Una de las secciones que más disfruté fue la proyección de seis animaciones, se presentaron  en una sala oscura y con colchonetas acomodadas de tal forma que podías apreciar todos los videos  desde una posición cómoda. La constante en ellos, era que siempre existía un “eterno retorno” a la actividad que se presentaba. Era un ir y venir de situaciones sin  final aparente, iba desde la navegación sin rumbo, la autopoiesis del rostro, la regeneración de una lombriz y la imposibilidad de cruzar al otro lado.

En esta parte entra a cuento una de las frases con las que inicia la exposición, en la que se resuelve que de tanto repetir una palabra, ésta termina perdiendo su sentido. Y lo mismo sucede en las imágenes, ya que después de estar mirándolas por un tiempo, se llega a caer en la incertidumbre y hasta en la nostalgia de saber que ese eterno ciclo es más bien una condena.

La forma en que Alejandro presenta sus obras provoca que en el espectador nazcan las ganas de jugar a través de sus palabras y de sus representaciones, invita a ser participe, a entender y a reír con sus ironías. Por momentos, sus obras pueden parecer simples, pero en esa sencillez está latente la imaginación e inventiva de quien las creó.

La relación que la exposición tiene con la realidad juega con las dos palabras que se están viendo todo el tiempo: el siempre y el nunca. Esto como un ciclo en el que el ser humano es su propio héroe y verdugo, es el que se abre las puertas y niega las oportunidades, es el que ve, el que observa o el que prefiere cerrar los ojos a lo que está a su alrededor. Es el que siempre puede hacer pero el que nunca da el paso, tal como se ve en la obra “El muro de los lamentos”.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿En qué papel lo quiere?

Jaimito ¿qué quieres ser de grande? –Abogado, maestra- Pepe, ¿que nos dices? –Creo que Piloto, sí, sí, eso- ¿Lupita? –Veterinaria, -¿Y tu Chucho? –Yo quiero sacar copias maestra.

Imaginemos un niño, todos conocemos a uno o al menos tenemos uno en mente. Ya vieron su cara de ilusión, sus ojos brillosos, los pequeños huecos en su boca producto de los dientes que se cayeron y no han vuelto. El cabello corto y rizado. En pocas palabras, un chamaco condenado a la belleza, al don de la palabra y a la empatía con los demás.

¿Qué proyecta para la vida un niño con ese potencial? Al menos en su casa, su mamá lo imaginaba presidente, actor o el próximo Luis Miguel. Mientras que para su papá, el chico tenía todo el porte y estilo del jugador de futbol, goleador, campeón y galán, pues esos ojos y rizos eran la locura de las niñas de la primaria.

Todos tenían planes para Chucho, algunos más ambiciosos que otros pero todos llevaban el sello del éxito y reconocimiento. Sin embargo, el pequeño siempre había soñado con las copias, lo alimentaba ese ajetreo que sufría el señor de la papelería cuando su local se llenaba pidiendo juegos y juegos de la maestra Lulú.

Admiraba el aroma del papel recién sacado de su bolsa y a pesar de que sólo contaba con diez años bien podía distinguir entre un texturizado, opalina, couché y bond tan sólo con tocarlos. No había duda, su destino era ese. El problema estaba en enfrentarlo y derrumbar los ideales de sus padres en pro de su felicidad.

Jesús pasó durante años noches enteras ideando la forma de contarles a sus papás, pensó escribirles una carta en un papel de seda para que se convencieran con la calidad pero un día supo que ellos no podrían diferenciarlo de una cartulina. Entonces tomó valor, salió al comedor y les dijo: -mamá, papá quiero ser saca copias, no diseñador, no crítico del papel, saca copias.

Añoro la presión de los lunes por la mañana y de la gente que espera ansiosa su trabajo. Me aprendí la tabla de los 50 centavos porque eso valen las hojas…- La señora rompió en llanto, Jesús dejó de hablar y su papá con la decepción en la mirada lo mandó de vuelta a su habitación.
Pasaron días en los que la familia no le dirigió la palabra a Jesús, todas las noches se oía el llanto de su madre seguido de largas pláticas que trataban de entender el porqué de la actitud de su hijo, quien dejaba de lado su vida de éxito.

Pasado un mes los padres de Jesús decidieron hablar, con más lágrimas de las ya derramadas aceptaron su elección de vida. Argumentaron que no lo entendían pero que preferían eso antes que alejarse de su único hijo.

Los años corrieron, Jesús fue creciendo. Empezó en la papelería de la colonia en la que tantas veces soñó. Por recomendación del dueño, llegó a las copiadoras de un CCH dónde conoció al primer gran amor de su vida. Sin embargo el éxito y fama lo hizo llegar al circuito universitario. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se convirtió en su nueva casa, ahora sus padres están orgullosos de que el pequeño Jesús pisó la Universidad y se dieron cuenta que a pesar de todo. Su chiquito sí tenía el éxito asegurado.

En tierra de nadie


“Nos pasamos la vida creyendo que nuestros esfuerzos, nuestro trabajo, lo que conseguimos a cambio de todo eso, son definitivos, estables. Creemos que van a durar; que nosotros vamos a durar. Y un día el cielo nos cae sobre la cabeza. Nada es tan frágil como lo que tienes. Y lo más frágil que tienes es la vida”[1]

Territorio Comanche relata un poco lo que es el periodismo de verdad en un momento de crisis, se aleja de palabras clichés y formalidades. Nos enseña el lenguaje rudo, de trabajo común. Las expresiones del miedo, de la sorpresa, de incertidumbre y de gozo al obtener lo esperado.

Nos habla del ambiente social que se vive en la guerra. La tensión y desesperación de los habitantes. La oportunidad, el trabajo y la noticia para quienes van con la tarea de informar. Pero sobre todo pone en la mesa un dilema que los que estudiamos periodismo debemos concientizar. ¿Hay que grabar y cuestionar  en un momento en el que lo que más se necesita es ayuda o hay que aprender a brindarla? ¿Cuál es la mejor forma de apoyar?
Arturo Pérez-Reverte es un periodista y escritor de origen español nacido en 1951. Se desempeñó en el ámbito informativo bélico durante 21 años en medios como  prensa, radio y televisión. Actualmente es miembro de la Real Academia de la Lengua Española,  se distinguió por la colección literaria Las Aventuras del Capitán Alatriste y es el autor del relato periodístico Territorio Comanche.
La historia transcurre en poco tiempo, quizá sólo un par de días u horas. El contexto son las Guerras Yugoslavas. Dos periodistas españoles, Márquez y Barlés tienen como misión grabar los eventos de cada jornada  y reportar para el telediario todos los días a la misma hora la información más importante con el toque dramático y noticioso que haga que los televidentes se interesen por la historia que se muestra.
Este relato narra la bipolaridad del periodismo, por un lado las emociones encontradas al vivir en un momento de guerra, al descubrir a seres que sufren, que piden ayuda y no poder hacer más. Mientras que por otro lado está el arrojo de esta profesión, el interés, el hambre de saber, las habilidades necesarias para llegar a los lugares más recónditos y peligrosos, filmar y salir avante.
Más allá de los sucesos, Territorio Comanche cuenta historias y vivencias, anécdotas que construyen de a poco la vida de un periodista de guerra. Hablan de las personas fugaces que se han cruzado por sus vidas y de otras que se han quedado para trabajar y vivir hombro con hombro.
Por momentos puede fungir como instructivo o libro de viaje para el periodista pues enseña cuestiones técnicas. Aconseja a quien lo lee sobre cómo hacer que ciertas imágenes se vean mejor, más atractivas y al mismo tiempo impactantes. Demuestra la importancia que tienen los títulos y entradillas en el gusto del público. Y el goce que les provoca arriesgar sus vidas con tal de aparecer a tiempo para el telediario.
El libro está conformado por seis capítulos, cada uno titulado con ironía pero con un puntero muy fino. Estructuralmente puede que  el lector tenga complicaciones debido al uso de regionalismos muy marcados así como al manejo de información y personajes propios a la España de los noventas.
A través de la visión del narrador, conocemos las formas en las que los periodistas se las gastan y comprendemos que a fin de cuentas son humanos y están en una guerra en la que no tienen injerencia alguna.
Informar puede ser a veces una forma de arriesgar la vida, cuando  notan que las balas y los cañonazos pasan sobre sus cabezas. Cuando pisan los cristales y escuchan los lamentos de los heridos y  la única forma de ayudar es grabando, siendo testigos de la barbarie que es una guerra.
Alguna vez escuché que Territorio Comanche es uno de esos libros que un periodista de guerra necesita hacer. Después de leerlo pienso lo mismo. Debe ser inimaginable la sensación de zozobra al estar en deadline, la desesperanza que se ha de sentir al ver como muere la gente, de oír niños que lloran y de mirar a los que sin miedo en los ojos usan un arma en nombre de una creencia, persona o supuesto objetivo.
Escribir algo como esto tiene que ser liberador, narrar  las experiencias debe dejar que en cada palabra se vaya algo de esa inquietud que queda en el cuerpo y en la mente. Supongo que algo así le pasó a Pérez-Reverte pues después de ejercer 21 años el periodismo de guerra cambió de giro y se dedicó por completo a la literatura.
El libro cuenta con toques de ironía la forma y las dificultades que sortean los periodistas para llegar a conseguir información. Hay que relacionarse con narcotraficantes, delincuentes y gentuza en general para poder sobrevivir. Se vuelve necesario sobornar a los policías y militares por protección y para burlar retenes. Eso se convierte en un gasto económico que por lógica no genera comprobantes ni facturas. Aquí otro problema, el dinero que se les da para viáticos debe estar justificado, ¿pero cómo hacerlo en esa circunstancia? Pérez-Reverte a través de Barlés menciona que tienen la necesidad de falsificar esos documentos con tal de que les paguen lo gastado y que los jefes no les regateen las monedas con los que ganaron las exclusivas.
El autor dedica varios párrafos en diferentes secciones para hablar de dos de  los vicios que tenían esos periodistas: el alcohol y el sexo (en principio menciona mujeres pero después habla de algunas que buscan hombres). Siendo estas, otras de las fugas económicas constantes y que no son justificables.
En Territorio Comanche se humaniza  la figura del periodista, deja de ser ese ente frío que filma y se hace del corazón duro ante la tragedia. Presenta algunos de sus miedos y temores. Los vacíos en la vida no sólo de los protagonistas sino de los periodistas que conocieron en los diferentes conflictos en el mundo. Y el enojo en contra de los que se quedan a esperar información a comodidad y se jactan de saberlo todo, mientras que otros arriesgan el pellejo a cada momento.

Para concluir, menciono que el libro es una muestra del cómo se vive en la intensidad, del temple necesario y hace que los que queremos ejercerlo nos cuestionemos sobre si esto es lo que esperamos o deseamos un modo más tranquilo de ejercerlo. Con libros como este, cada vez más reafirmo mis ganas de estar en la deadline.
El periodista de guerra parece condenado a la vida en soledad, se aleja de su familia, de sus amores, de las pasiones que lo alimentan y que son distintas al oficio, observa como sus colegas llegan y se van, algunos por su pie, otros porque así lo quiso la situación. Llega un momento en el que esperan la muerte, es justo ahí, en el Territorio Comanche. Ese que no es de nadie y sí de todos, ese en el que pasan las bombas, donde algunas se detienen y actúan. “Es en el que si estás demasiado lejos no consigues la imagen  y demasiado cerca, no te queda salud para contarlo”.

Pérez-Reverte, Arturo. “Territorio Comanche”. Alfaguara. México. Segunda edición. 1999. Páginas. 115


[1] Pág. 95.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Por el que se va y el que comienza

¿Cómo es que afrontamos las pérdidas? ¿Qué cambiamos, cuando debemos cambiar? ¿En realidad sabemos dejar pasar lo que no vale la pena? Que complicado es a veces pensar en cerrar un ciclo, existe mucha gente que  se niega a tirar su ropa vieja, sus juguetes de la infancia o algún objeto que les evoque recuerdos del pasado.

Hay personas que llenan su casa de elementos que jamás volverán a utilizar o que quizá nunca lo hicieron y terminan con alacenas repletas  o habitaciones dedicadas a guardar todas esas cosas inútiles. No obstante también existen seres que se dedican  a llenar el corazón de cosas sin sentido, de malos momentos, de frustraciones, de  cosas inciertas, de rencores y de tristeza, haciendo que cada traslado sea una auténtica mudanza emocional que termina convirtiéndose en una ceguera hacia la vida.

Es difícil darse cuenta que nunca hemos meditado que los verdaderos recuerdos, las sensaciones que revelan sonrisas en los rostros y eso que los hace andar y despertarnos cada día está en nuestras mentes,  en el corazón  y en la sangre que tantas veces nos recorre el cuerpo. Que tonto es esperar a que algo pase a lo largo de nuestras vidas  y darse cuenta que lo único que pasa es la vida misma.

Es por ello que en este año que acaba y en el que inicia no les doy deseos, mejor  los reto a buscar y a tratar de encontrar aquello que les hace sonreír, no la felicidad porque eso es entrar en confusiones,  se trata de conocer lo que les hace sentir bien, identificarlo y hacer que prolifere en la vida venidera. Hay que sonreír, abrazar, besar, mirar, dormir, soñar y caminar. Haciendo lo que amamos es que vamos a construir un lugar más  deseable de ser habitado.

Por eso, mis queridos lectores, para este 2012 espero que la vida les de motivos para continuar y si no es el caso, háganlos, invéntenlos o imagínenlos pero encuéntrenlos y sobre todo, vivan.

Diana Delgado Cabañez

Pd. La mitad de sus uvas no las dediquen a propósitos sino a sueños, y pidan uno por mí, no sean gachos, no les cuesta nada.

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Cómo sobrevivir a los suegros?

Tanto en la red como en las revistas del corazón, podemos encontrar cientos de artículos que hablan del amor, la pasión o el flirteo bajo títulos como: Luce fantástica para él, ¿cómo ligar en 10 días? o ¿Te estás enamorando? Compruébalo con el siguiente test, pero  nadie en ningún lugar nos  explica lo que pasará después. Sí,  justo cuando ya seguidas las lecciones y  haber encontrado el amor llega el momento de conocer a los suegros.

Personas habemos muchas y  como lo dictan las leyes de la biología y de la psicología, los rasgos característicos de cada uno  varían considerablemente, y supongo que en los suegros no son la excepción.  Y aunque  es interesante escuchar las pláticas de amigas y conocidas que cuentan sus gratas experiencias con la familia de sus parejas, seamos sinceros y realistas, así no fue desde el principio, todos, la primera vez fuimos atormentados por el miedo de enfrentarlos o por la intimidación que nos  aplican con tan sólo escucharlos.

Suegra, suegra, suegra... decir eso es quizás como repetir  tres veces Beetlejuice o invocar frente a un espejo  la misma cantidad de veces a  Bloody Mary, es probable que ese ente aparezca para aceptarnos o rechazarnos definitivamente, así que si después de conocerlos existiera un “próximamente” el futuro de la relación depende de la primera impresión que logremos causar.

Como dicen las abuelitas en sus lecciones para la vida, “hijita, la primera siempre duele”, y vaya que en todo orden de las cosas siempre es verdad. Y cuando se trata por primera vez a la suegra hay que estar atentos porque será el indicio para conocer que tan grande y molesta puede llegar a ser esa piedra en el zapato o esa roca de montaña y con base en eso podremos descubrir cómo se desarrollará la relación entre nosotros y “la nueva familia”.

Convertirse en suegros  es un proceso incluso digno de estudios sociológicos, pues en qué momento esos jóvenes de simpatía única y gracia inigualable se convirtieron en verdaderos fanáticos de la vida de sus hijos, capaces de atormentarles la vida a ellos  y a sus parejas, quienes ingenuos y temerosos  están pasando la misma  situación que años atrás sus padres tanto odiaron.

Seguramente muchos dirán que sus suegros son un amor o una adoración y que no tienen más que halagos para ellos pero definitivamente hay de todo en la viña del Señor y de que los hay jodidos vaya que los encontramos y es mejor estar preparados y conocer esos terrenos para que por el bien de nuestra relación surjan muchos acercamientos familiares más.

Pongamos una situación hipotética, una escena imaginaría en la que nos invitan a la casa de los suegros para una comida que ellos organizaron con la finalidad de conocer a la persona desdichada  que se está robando a la luz de sus ojos. Seguramente cualquiera estaría que se muere de los nervios mientras acepta y responde con una sonrisita fingida todo lo que los señores cuestionan. Pero en los momentos de soledad, si es que nos dejan uno, nos hemos preguntado: ¿qué demonios hago aquí?

Incluso antes de llegar, hay que pasar una odisea porque hay que elegir entre muchas cosas. La primera es la ropa que se va a usar ese día, no puede ser muy atrevido porque corremos el peligro de que la mamá de nuestro novio no nos baje de pu…ro desastre, ni tampoco debe ser muy recatado porque pasa la situación inversa. Debemos usar algo cómodo y casual, algo que nos distinga, que nos haga ver elegantes y refinadas y así evitar las críticas por cualquier flanco.

Otra cuestión a elegir es qué detalle se llevará a casa de los suegros en forma de agradecimiento por la tortura que nos harán pasar, es difícil decidir cuándo nunca los has visto, pero es ahí en donde entra la pareja o el sentido común, el chiste es llegar puntual y con algo para que no te tachen de codo.

Ya durante la comida, es obligatorio “disfrutarla” y controlar los nervios a pesar de sentirse como insecto bajo el microscopio. Será necesario comer decentemente aunque sean tacos, y si llega a darse la “casualidad” que la suegra preparó algo que detestas, en lugar de decir guácala hay que inventarnos una alergia espontanea a los ingredientes.

Algo que nunca debemos olvidar es que uno de los temores más grandes de las madres es que sus hijos terminen en manos de gente inútil o que todo les de  flojera, por eso, será necesario hacer lo que nunca hacemos en nuestras casas, lavar los trastes, levantar la mesa, ofrecer ayuda en la cocina y quizá servir y repartir  algún platillo, lo importante será no quedarse haciendo nada.

Para colmo, mientras se cumple todo lo anterior es necesario cuidarse al hablar, un comentario fuera de lugar como: “su hijo tiene problemas con el alcohol” o que mientras miran las fotos familiares mencionar: “espero que su hijo no herede la calvicie de su abuelo”, pues cualquiera de las anteriores  puede echar a perder toda la velada. También hay que evitar las discusiones porque cualquiera de los suegros te dijo “accidentalmente” el nombre de la ex de tu novio.

Por último, una de las cuestiones más importantes a impedir durante la estancia en la casa de los suegros, serán los cariñitos, que por más merecidos que se tengan después de soportar el infierno no deben manifestarse, pues la familia lo puede tomar como un insulto a la moral o una falta de respeto a la “inocencia” de la pareja.

En cualquier sociedad del mundo los suegros son toda una institución, una marca registrada, casi un estado, son como la burocracia, siempre  imposibles de evitar, pero si lo que sentimos por nuestra pareja  es realmente amor,  sólo nos queda como dicen las abuelitas “huir por la derecha” y aprender a quererlos o a soportarlos con el paso del tiempo.

Deberíamos incentivar a los expertos a elaborar un manual que se llame: “¿cómo sobrevivir a los suegros?” O mínimo que en las revistas del corazón, al lado de los artículos para enamorarse exista un espacio titulado: “Sobreviví”, en donde los afortunados cuenten sus amargas experiencias y las formas que utilizaron para sortearlas, y que sirvan de consejo para  los nuevos jóvenes  y no tan jóvenes que atormentados se enfrentan al evento que cambiará sus vidas.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Por qué escribo?

No es desahogo, felicidad, obligación ni lágrimas fallidas, es una pasión por la utopía, son letras que abren caminos y palabras que encuentran un cauce en las arenas y  una roca para asirse. Escribo para soñar, releo para viajar por mundos antes recorridos, veredas pasadas cuyos atajos no recuerdo más pero donde nuevos horizontes nacen cada que intento retornar.

El corazón de los mortales necesita latir, el mío resuena con cada palabra que dibujo en mi mente o en el papel que se lleva el viento, cada cierre, cada punto es un respiro, la nueva oportunidad para navegar en el océano de las ideas y reencontrase quizá en otra vida, en otro tiempo.

Volcarse en lo que sólo uno conoce, imaginar es otro modo de vivir, más difícil en su forma, pues hay que construir nuevas calles, nuevos hogares y encontrar las nuevas zonas de oscuridad, pero es también fácil para soñar y rescatar los pensamientos. Es  el momento de encontrar las luces que faltan por encender, de reescribir los silencios como llenos de esperanzas y tapar los ruidos con la reflexión.

¿Que, por qué escribo? Porque siempre algo se oculta en cada sensación reflejada entre las letras, una debilidad por continuar o un temor por desaparecer, las palabras de quien escribe son como las cenizas de un incendio, se puede no saber de dónde provino el fuego  pero siempre están las manchas que delatan la pluma de un autor.
Diana Delgado

miércoles, 5 de octubre de 2011

Una Vocación en la Vida

Nunca me agradaron las personas que mientras yo era una niña me preguntaban si de grande quería ser médico, abogada, contadora o artista,  yo no lo sabía, que tal que quería ser astronauta o  imagínenme como un crack del futbol, ya lo había escrito  Antoine de Saint Exupéry  “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.” 
Pero el tiempo corre más rápido que el viento y cuando entré a la prepa me tuve que responder la pregunta que tiempo atrás ignoré, tenía que empezar a elegir una carrera, debía pensar qué es lo que quería ser de grande, y si de algo me aseguré es que no quería ser una persona adulta que hubiera olvidado ser niña, no quería dejar de indagar ni de cuestionar lo que veía.
Me llegó la hora y entre consejos de la familia, sugerencias de la escuela, charlas entre amigos e incluso los test vocacionales, pude llegar a una conclusión, buscaría una carrera que me permitiera desarrollar la curiosidad que tengo por el mundo, y entre manuales para la inserción universitaria, descubrí Ciencias de la Comunicación, y aquí estoy, cuatro semestres después, con los deseos más grandes de estudiar lo que para García Márquez es el mejor oficio del mundo: el periodismo.
Como es lógico surgieron entre las personas cercanas a mí dudas sobre qué es lo que hace un comunicólogo y qué es de lo que vive,  y es que de acuerdo a cifras de la Revista Académica de la Fedración Latinoaméricana de Facultades de Comunicación, elaborada por Teresa Quiroz, en la actualidad, hay aproximadamente 500.000 estudiantes de comunicación en toda Latinoamérica y se supone que una vez que egresemos habrá trabajo solo para el 30%.
Pero esto se justifica por el problema de la falta de profesionalismo ya que muchos comunicadores ejercen sin título mientras que otros viven de ello habiendo estudiado otro campo de conocimientos, aunado a la tecnificación que está sufriendo la comunicación, por lo que cualquiera que tenga una cámara,  una computadora y otras herramientas ya se siente preparado para trabajar.
Muy a pesar de todo eso, iniciar los estudios en Comunicación es comenzar a transitar un camino repleto de saberes, conocimientos y prácticas que hacen de esta actividad algo completamente diferente a las carreras universitarias tradicionales. Es sumergirse entre experiencias propias y ajenas,  es tener un gran poder encima y optar incorporar  y compartir conocimientos nuevos a diario, es la satisfacción de descubrir buenas historias y poder contarlas con un estilo propio, es la razón perfecta para  saber aprender sobre la vida porque todas las relaciones humanas están condicionadas por la comunicación.
Es también, una forma de incrementar el capital humano y el cultural y de entender a la incomprendida interdisciplina, porque no basta con saber escribir bien, hay que conocer de psicología, literatura, arte, gramática, sociología, antropología, metodología científica y por supuesto matemáticas. Pero también, un comunicólogo debe conocer la realidad que le toca vivir, los problemas que aquejan a sus semejantes; tiene un poco de artista y un poco de adivino, pues debe ser sensible a  cómo funciona el mundo y a cómo podría funcionar, ya que es él quien ayuda a construir una forma de pensar la realidad.
Los comunicólogos, escriben discursos, guiones para radio y televisión, notas para periódicos, y desarrollan investigaciones.  El mundo de la comunicación es dinámico y desafiante. Es un proceso que pasa desapercibido para muchos por lo común que es, pero para gente como nosotros, es más que interesante, es nuestro alimento. Ser parte de la comunicación es fácil y normal, pero conocerla y disfrutarla puede tener como resultado la comprensión, el amor  y el descubrimiento de una vocación en la vida.
Diana Delgado

Compre un auto y despídase del estrés

Cada mañana, cuando llega el momento de despertar y salir de casa para ir a trabajar, nos damos cuenta de las dificultades y carencias que tiene el transporte público  de la ciudad. No importa si se viaja en metro, camión, chimeco o Metrobús, no importa si dejamos de dormir esos cinco minutitos para salir más temprano, o si olvidamos desayunar. El resultado siempre es el mismo. También sabemos que al finalizar la jornada diaria el cansancio es agobiante, el peso de las  bolsas que llevamos se siente al doble, las tripas nos rugen y aunque huyamos, el hambre nos alcanza.

Y entonces, recordamos que el trayecto es largo, y nos topamos todo el tiempo con gente apresurada que le vale que al empujar termine por hundirnos las costillas, a otros que arriesgan su vida viajando colgados por los peseros  y hasta olvidamos reclamar los arrimones “accidentales” de los que hombres y mujeres somos víctimas. En esos momentos críticos, es quizá cuando todos hemos dicho: Sí, ¡Necesito un auto!

La envidia nos gana cuando nos enteramos que el compañero del cubículo de al lado le está presumiendo al de enfrente su nueva adquisición, un deportivo último modelo, un clásico de colección, un convertible de edición limitada o un chevy de dos puertas y cuatro cilindros. Da lo mismo, él tiene coche y yo sigo viajando como inmigrante en condiciones infrahumanas. Y es la sensación de ansiedad, la que nos lleva a decidir el futuro de nuestra forma de transportarnos y  decir: Sí, ¡Me urge un auto!

Tener un automóvil, está asociado con un nivel de vida holgado y confortable, sin embargo, lo que para algunos es un lujo, para otros es una cuestión de integridad física, pues ¿quién no se arriesga viajando en combi? Es por eso que las empresas dedicadas a la venta de coches, han sacado a la luz modelos y  variedades ajustables a todos los lujos, necesidades, estilos y presupuestos, lo importante para ellos, es lograr la comodidad de los habitantes de nuestra ciudad.

Y si lo que le preocupa es el daño al ambiente y el excesivo consumo de combustible, deje de estarlo, porque al margen de las marcas,  las nuevas tecnologías han avanzado en la sofisticación,  ahorro y cuidado de los motores, cada vez son más silenciosos, discretos, potentes, económicos e higiénicos, sin olvidar, claro, la elegancia y belleza exterior que todos deseamos.

En definitiva, lo mejor es tener en mente el tipo de vehículo que necesitamos,  con las funciones que nos hagan falta y buscarlo todo, a un costo accesible, para evitar los desajustes financieros. No cabe duda que tener un coche es la solución a muchos problemas de nuestro tiempo, viaje solo, conózcase, relájese, dígale adiós al estrés y la incomodidad, estoy segura que usted y su familia lo merecen.

Diana Delgado

Y sin embargo, sobrevivió

 “Había sido condecorado, había hecho discursos patrióticos, lo habían paseado entre flores y músicas para firmar autógrafos y ser besado por las reinas de belleza”. Pero ¿Qué hizo durante diez días en el mar?

Con impecable técnica literaria y muy particular estilo noticioso, García Márquez cuenta un hecho real ocurrido a la marina colombiana. Relato de un Náufrago, es la historia de Luis Alejandro Velasco, un  marino que nunca pensó  que fuera buen negocio haber vivido diez días de hambre y sed  en medio del océano.

A través de la voz de un periodista, el protagonista reconstruye minuciosamente una historia,  llena de las desventuras que comenzaron el 28 de febrero de 1955, cuando los miembros de la tripulación del destructor Caldas volcaron  a causa de una tormenta que nunca existió.

En la serie de entrevistas, Velasco comenta  sus experiencias ante el naufragio, el hambre que pasó, sus riñas con tiburones, y el comprobar que las únicas cosas que permanecían lúcidas eran su reloj y el tiempo que corría, pues ni la lluvia  hizo acto de presencia. 

Las  denuncias hacia la marina y el descrédito al gobernante Rojas Pinilla por inventarle una razón al accidente, resultaron en la desgracia del marino, en el exilio en Paris del entonces periodista Gabriel García Márquez y la clausura del periódico “El Espectador” de Bogotá que era el que publicaba el hecho por entregas.

El náufrago sobrevivió aun deseando la muerte,  aguantando las heridas y las profundas quemaduras por el sol, tras comprender que no había nada ni nadie que pudiera ayudarle, después de haber ocupado las largas horas de su infortunio en la reflexión y de dedicar sus pocas fuerzas para vivir  con  sus instintos.

Este hecho constituyó una experiencia de soledad, tema común en la literatura del colombiano también ganador del Premio Nobel.

Relato de un Náufrago, es una novela de carácter periodístico que posee grandes cualidades encarnadas en la forma en que  el autor narra y detalla las experiencias del personaje principal, la estructura circular del relato la convierte en un buen ejemplo sí lo que se desea es una lectura amena, rápida, sencilla y fácil de leer.

La  verdad que el propio Luis Alejandro Velasco difundió, lo dejo en las memorias de la marina colombiana, algunos lo tacharon de mentiroso mientras que otros aplaudieron su franqueza; “he contado mi historia  en la tele y en la radio, a mis amigos y a los extraños […] y sigo pensando, que de héroe, mi vida no tiene nada”.
Diana Delgado

¿Quién dijo que las mujeres no podemos?

Acicaladas, peinadas y hasta perfumadas es como todos los días salen las mujeres para comenzar la jornada, no importa si son amas de casa, estudiantes, obreras o empleadas, siempre ponen algo distinto, sazonan la vida.

Mucho se habla de la igualdad de géneros, que más que igualdad, pienso se refiere a la equidad, a la toma de consciencia de las diferentes necesidades que tenemos tanto hombres como mujeres, al respeto de los modos de pensar y a estar abiertos a creer que todos somos capaces de participar en lo que el corazón nos dicte, sin prejuicios ni barreras.

Si históricamente una actividad ha quedado a merced de los hombres, esa es la milicia. Bajo pretexto del peligro que se corre en los enfrentamientos o de la responsabilidad que de por sí, implica tener una familia, el sexo masculino se ha adueñado de esta  tarea. Pero ¿es que las mujeres no podemos tener un papel dinámico dentro de las fuerzas armadas? ¿Será viable instaurar el servicio  militar obligatorio en las féminas?

En la actualidad, tener una instrucción militar, es ya una necesidad, debido a que ayuda a reforzar el sentimiento patriótico y coopera en la  formación de la disciplina y del orden de los seres humanos.  El  servicio militar no sólo sirve para dar adiestramiento, también, para que los jóvenes reciban información e instrucción sobre temas de la vida diaria, tal como la  legislación militar, los derechos humanos, el cuidado de la salud, la seguridad pública y hasta una que otra clase de manejo y mecánica general que según el refranero popular, a las damas, mucha falta nos haría.

Como en todo, hasta en el Servicio Militar existen mitos y mentiras que primero afectan las ganas de los caballeros para inscribirse y cumplir con un requisito federal, y segundo, que merma la intención de que la mujer entre a servir a su país. La invención más común es la idea de que por estar en servicio van a ser enviadas cual Adelitas, a lugares donde haya conflicto, sin antes pensar, que son la reserva de la reserva militar, y sólo aquellos que ya estén acuartelados, son los dispuestos a la lucha.

Hacer servicio Militar, es una forma de entregar algo  de lo mucho que nuestro país nos ha brindado, es estar listos y preparados por sí es necesario y esa  gratitud no debe ser propia de los hombres, pues las mujeres,  también tenemos ese sentimiento de amor por México y la intención de mejorarlo.

Fomentar la participación de la mujer en el programa de adiestramiento militar, sería una forma de aceptar nuestra existencia en un país en el que todas tenemos sueños, ideales y esperanzas, en el que se acepta que dos piensan mejor que uno y que eso beneficia más al futuro de nuestro país.

Con la imagen de la mujer joven y entusiasta, justo sería  buscar la  formalización de  la participación femenina en los actos militares y oficiales, brindarnos el  reconocimiento de  nuestros derechos y valores cívicos, así como de las competencias físicas e intelectuales que nos capacitan para enaltecer la imagen de nuestro país,  aunado al  sentido de responsabilidad y emotividad que históricamente nos ha caracterizado.

Y entonces, ¿Quién dijo que las mujeres no podemos?

Diana Delgado