"En cualquier lugar que estuvieran, recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera" GGM De todo un poco...
sábado, 22 de septiembre de 2012
Disculpe las molestias
Viernes, 8:30 de la noche. Las personas caminan, corren, bajan las escaleras mientras cargan sus bolsos, mochilas y el propio cuerpo después de no sólo una jornada sino toda una semana de trabajo.
La gente sube al metro con mucha prisa, no quieren perder el tiempo ahora que comenzó el fin de semana, esperan llegar a sus casas y descansar como merecen.
Todos nos hemos sentido asfixiados cuando vamos en el vagón, cuando escuchamos los murmullos, los gritos, la música estruendosa del vagonero que pone su bocina lo más cercano a los oídos de los pasajeros, y entre esa molestia general, se oyen las risas de algunos jóvenes que están listos para la fiesta de viernes.
La señora de atrás se recarga en mí, quiero aventarla pero evito decirle algo, carga un bebé muy pequeño y se le ve sudorosa, harta. Nadie fue capaz de darle el asiento a pesar de que todos la vieron subir. No faltó el tipo que se hizo el dormido ni la que volteó a la ventana como si se pudiera ver algo interesante en la oscuridad del túnel.
Por ratos el hacinamiento comienza a tener consecuencias en los ánimos de los viajeros, del otro lado del vagón, se escuchan los reclamos –Cabrón, te estoy diciendo que te agarres del tubo. A mi lado, una niña bosteza como imaginando que va camino a su cama. Las personas, cansadas, apenas pueden mantenerse de pie sin que se les doblen las piernas, ya sea por el agotamiento de estar parado o porque el sueño quiere ganarles la partida.
El calor y los aromas son soporíferos, las ventanas están cerradas y por mi mente pasa la idea de pedir que las abran, pero me detengo, pienso que gritar no haría más que dejar escapar un poco del oxígeno limpio, que aún queda en mis pulmones.
El metro no avanza, los minutos y luego las horas cambian, pasan y se burlan. Por ratos acelera el tren y después vuelve a frenar, todo se acompaña de quejas porque los pasajeros fueron azotados por las intempestivas paradas, y uno que otro quedó aprisionado entre la gente o entre los tubos.
El aire está cada vez más denso, supongo, que al igual que yo, todos van pensando alguna forma para no caer en la desesperación.
Cuando el metro reanuda su camino, los ojos de cada pasajero se van iluminando, nos acercamos al momento en el que las puertas se abren y puede entrar el viento helado, el que llega hasta los huesos.
Hacía falta que escapara ese olor a torta mezclado con calor humano y que secaran esas pieles húmedas del sudor que se iba gestando con la espera.
Bastó un poco más, el metro entraba hacia los andenes. Veinte minutos fue el total de tiempo para llegar de una estación a otra, de División del Norte a Eugenia. Los rostros cada vez se veían más favorecidos, la niña de mi lado murmuró a su papá – ¿Ya vamos a llegar? Estoy aburrida y tengo sed- El señor asintió con la cabeza y sonrió mientras limpiaba el sudor que corría por la frente de la pequeña.
Llegó el momento en el que el tren parecía atrancar, pero las voces del metro que sólo surgen cuando se anuncia algo importante no callaban, –El servicio en la estación Eugenia -decían con voz de cajera de supermercado- está previamente suspendido, por lo que el tren no hará parada en la estación. Disculpe las molestias.
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Palestina tras el muro
La exposición fotográfica de Rodrigo
Jardón, “Palestina tras el muro”
presentada en la Galería del Museo Casa León Trostky, ubica un problema
social mundial entre los israelíes y los palestinos. Las imágenes ofrecen un
acercamiento al modo de vida cotidiano de quienes viven dentro y fuera de la
ocupación militar que Israel inició en 1967 en Cisjordania, así como las
luchas administrativas, sociales, económicas, laborales y culturales de
Palestina, como esfuerzos para ser reconocida como un estado independiente.
La muestra
refleja, en concreto, las riñas que se dan “todos los viernes” desde la
construcción del “Muro del Apartheid”, muro que funciona como un límite que
aísla a estas dos poblaciones. En las fotos se observa a los jóvenes palestinos
arrojando piedras y tratando de saltar la pared como un modo de pelear por su
libertad, mientras que los militares de Israel hacen detenciones violentas y
arbitrarias, desalojos, bloqueos de tránsito, retenes para salir de la ciudad y
humillaciones raciales.
La
exposición se compone de 36 fotografías en distintos formatos: ocho imágenes
principales (20x30), doce medianas
(11x14) y dos series de ocho fotos cada una (8x10). Además, al final de la
galería se encontraba un muro con aproximadamente 60 imágenes (4x).
Las fotos
estaban presentadas en los muros de alrededor, iniciaban unas de formato medio,
le seguían cuatro de las principales y enseguida la primer serie. Continuaban
otras medianas, de nuevo las grandes, la última serie y en otro muro, cerraban
las más pequeñas.
Las
principales mostraban paisajes de Palestina, las medianas son de los retenes
militares, de personas y de lugares públicos. Mientras que las series mostraban
en ángulos (y muros) contrapuestos las reacciones con la construcción del muro.
En un lado la inconformidad palestina y por el otro la defensa israelí. Todas
estas piezas colgaban de la pared a una altura media, estaban enmarcadas y
tenían su pie de foto. Las series se exponían en pares, formando un rectángulo
de cuatro filas. El muro final,
ilustraba las expresiones gráficas (dibujo y escrito) que los habitantes,
turistas y defensores han hecho en el muro, eso permitía apreciar el sentir internacional en su conjunto.
Surrealismo. Vasos Comunicantes
La capacidad imaginativa y la
sugerencia de sus construcciones mentales significaron una revolución artística
justo después del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Freud ejerció gran
influencia en el movimiento Dadá y Surrealista, André Bretón se dedicó a
estudiar el psicoanálisis y las conclusiones freudianas a través de sus teorías sobre el mundo
autónomo creado por los sueños, del automatismo de la mente; así como de la
profundidad y oscuridad del inconsciente, a partir de estos estudios, nació la
necesidad de expresar lo que se obtenía de los estados hipnóticos que los
propios artistas se inducían con el fin de buscar en lo más hondo del pensamiento.
Sin tener como interviniente a la
razón, la corriente surrealista construyó de manera poética una serie de
métodos y estilos que permitieron descifrar los secretos internos y expresar un
cúmulo de significados más allá de los latentes.
Para la exposición realizada en el
Museo Nacional de Arte, MUNAL, participaron
alrededor de 60 artistas nacionales e internacionales mostrando 120 piezas entre pinturas,
esculturas, fotografías, grabados, dibujo y video. Se le suma una instalación
que simula un “cadáver exquisito” y una sala donde gráficamente se agrupan en
un “café” y de manera cronológica, los artistas que dieron pie a la muestra.
En el sentido de pretender distinguir
si una obra entra en el juego del surrealismo y siendo que no cuento con herramientas
de análisis bien desarrolladas podría considerarse
quizá que algunos pintores latinoamericanos y europeos no son surrealistas, en
el sentido de que no estaban preocupados por representar, a través o no de
abstracciones, al pensamiento humano; siendo éste el objetivo principal que dio
nacimiento a la corriente.
Y en lugar de ello, estos
artistas trataron de cubrir los
requisitos gráficos, plásticos e incluso estéticos del surrealismo, dando la
impresión de que se basan en un auténtico estudio del inconsciente a través de
los sueños, sin llevarlo a cabo. Un ejemplo bien marcado en la exposición de
esta disidencia es Frida Kahlo, quien personalmente rechazaba el mote de
surrealista al decir que sus obras no podían pertenecer porque ella no pintaba
sueños sino su realidad.
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Expresionismo alemán en Bellas Artes
El
expresionismo es una corriente que buscaba, como su nombre lo anuncia, la forma
de expresar los sentimientos y las emociones del artista, en lugar de presentar
la realidad pre y post guerra que se vivía en Austria y Alemania a principios
del siglo XX. Las 249 piezas que se
exhiben en el Museo del Palacio de Bellas Artes, provienen a préstamo del Museo
de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.
El
movimiento se caracterizó por el resurgimiento de una técnica que consideraban
primitiva; el grabado en madera. Resaltaban, en su mayoría, las líneas toscas y
la estética plana propia de la técnica;
hecha a partir de pedazos de madera, lo cual, eliminaba cualquier intento de
profundidad.
La
xilografía y la litografía fueron los principales métodos con los que el expresionismo alemán se
extendió, sin embargo, también se utilizaron técnicas como; gouché, aguafuerte,
acuarelas, punta seca, carboncillo, pastel, óleo y tinta. Del mismo modo, se
usaban matrices en madera y metales, así como bases de tela y papel.
Los
colores fuertes, los tonos oscuros, las líneas retorcidas, la falta de formas
duras y la casi nula atención en la
perspectiva, resaltan la inestabilidad de los artistas, y sirven como reflejo
del sentimiento de la sociedad a través de escenas dramáticas. Del mismo modo,
surge la idea de la espiritualidad como un método de acabar con el materialismo y corrupción de la
época. Es aquí donde florecieron la abstracción, el simbolismo y el exceso de
color de Kandinsky y Franz Marc.
La
mayoría de los artistas de la corriente muestran un compromiso con los
problemas sociales y políticos de su tiempo, esto se ve más reflejado a partir
del inicio de la Primera Guerra Mundial, en donde los grabados destacaban por
los tonos negros y sus imágenes fuertes, mostrando heridos, familias separadas
e incluso las propias impresiones de los artistas que como ciudadanos, tuvieron
que enlistarse o participar en los servicios médicos militares. La desesperanza
se reflejó y a partir de ese momento y hasta la posguerra, el concepto del
expresionismo retomó un mayor compromiso.
A
lo largo de la posguerra y del establecimiento de las políticas de renovación
en Austria y Alemania, la sociedad dejó de confiar en el arte, entonces los
trazos se volvieron indiferentes, duros, sin formas claras, los artistas presentaban
autorretratos inexpresivos, hicieron un mayor uso de la punta seca y
aguafuerte; sin embargo, la xilografía y litografía fueron los más utilizados. Quizá
por la experiencia, pero cada vez los trazos eran más exactos, las perspectivas
más planas y la ausencia de color más notable.
“Siempre Di Nunca” A. Magallanes
“Siempre
di nunca” es la primera exposición museográfica de Alejandro Magallanes, un
mexicano que ha destacado por la
creatividad en sus carteles para cine, teatro y con los que hace lucha social
(No + Sangre).
La
exposición muestra una variedad de formas y de representaciones artísticas que
van desde la fotografía, el dibujo y la instalación tanto en video como de
objetos, todos bajo una línea de humor negro y constante ironía.
Destaca
la forma en que el artista presenta sus obras, algunas enmarcadas o en mesas,
otras en el piso y unas más dibujadas en las paredes. Los títulos de cada una se encuentran escritos a mano sobre
los muros; unos invitan a imaginar los nombres y otros ya lo tienen, pero de un
modo ácido. Lo cual hace que la atmósfera se torne más lúdica y relajada.
Una
de las secciones que más disfruté fue la proyección de seis animaciones, se
presentaron en una sala oscura y con
colchonetas acomodadas de tal forma que podías apreciar todos los videos desde una posición cómoda. La constante en
ellos, era que siempre existía un “eterno retorno” a la actividad que se
presentaba. Era un ir y venir de situaciones sin final aparente, iba desde la navegación sin
rumbo, la autopoiesis del rostro, la regeneración de una lombriz y la
imposibilidad de cruzar al otro lado.
En
esta parte entra a cuento una de las frases con las que inicia la exposición,
en la que se resuelve que de tanto repetir una palabra, ésta termina perdiendo
su sentido. Y lo mismo sucede en las imágenes, ya que después de estar
mirándolas por un tiempo, se llega a caer en la incertidumbre y hasta en la
nostalgia de saber que ese eterno ciclo es más bien una condena.
La
forma en que Alejandro presenta sus obras provoca que en el espectador nazcan
las ganas de jugar a través de sus palabras y de sus representaciones, invita a
ser participe, a entender y a reír con sus ironías. Por momentos, sus obras
pueden parecer simples, pero en esa sencillez está latente la imaginación e
inventiva de quien las creó.
La
relación que la exposición tiene con la realidad juega con las dos palabras que
se están viendo todo el tiempo: el siempre y el nunca. Esto como un ciclo en el
que el ser humano es su propio héroe y verdugo, es el que se abre las puertas y
niega las oportunidades, es el que ve, el que observa o el que prefiere cerrar
los ojos a lo que está a su alrededor. Es el que siempre puede hacer pero el
que nunca da el paso, tal como se ve en la obra “El muro de los lamentos”.
domingo, 25 de marzo de 2012
¿En qué papel lo quiere?
Jaimito ¿qué quieres ser de grande? –Abogado, maestra- Pepe, ¿que nos dices? –Creo que Piloto, sí, sí, eso- ¿Lupita? –Veterinaria, -¿Y tu Chucho? –Yo quiero sacar copias maestra.
Imaginemos un niño, todos conocemos a uno o al menos tenemos uno en mente. Ya vieron su cara de ilusión, sus ojos brillosos, los pequeños huecos en su boca producto de los dientes que se cayeron y no han vuelto. El cabello corto y rizado. En pocas palabras, un chamaco condenado a la belleza, al don de la palabra y a la empatía con los demás.
¿Qué proyecta para la vida un niño con ese potencial? Al menos en su casa, su mamá lo imaginaba presidente, actor o el próximo Luis Miguel. Mientras que para su papá, el chico tenía todo el porte y estilo del jugador de futbol, goleador, campeón y galán, pues esos ojos y rizos eran la locura de las niñas de la primaria.
Todos tenían planes para Chucho, algunos más ambiciosos que otros pero todos llevaban el sello del éxito y reconocimiento. Sin embargo, el pequeño siempre había soñado con las copias, lo alimentaba ese ajetreo que sufría el señor de la papelería cuando su local se llenaba pidiendo juegos y juegos de la maestra Lulú.
Admiraba el aroma del papel recién sacado de su bolsa y a pesar de que sólo contaba con diez años bien podía distinguir entre un texturizado, opalina, couché y bond tan sólo con tocarlos. No había duda, su destino era ese. El problema estaba en enfrentarlo y derrumbar los ideales de sus padres en pro de su felicidad.
Jesús pasó durante años noches enteras ideando la forma de contarles a sus papás, pensó escribirles una carta en un papel de seda para que se convencieran con la calidad pero un día supo que ellos no podrían diferenciarlo de una cartulina. Entonces tomó valor, salió al comedor y les dijo: -mamá, papá quiero ser saca copias, no diseñador, no crítico del papel, saca copias.
Añoro la presión de los lunes por la mañana y de la gente que espera ansiosa su trabajo. Me aprendí la tabla de los 50 centavos porque eso valen las hojas…- La señora rompió en llanto, Jesús dejó de hablar y su papá con la decepción en la mirada lo mandó de vuelta a su habitación.
Pasaron días en los que la familia no le dirigió la palabra a Jesús, todas las noches se oía el llanto de su madre seguido de largas pláticas que trataban de entender el porqué de la actitud de su hijo, quien dejaba de lado su vida de éxito.
Pasado un mes los padres de Jesús decidieron hablar, con más lágrimas de las ya derramadas aceptaron su elección de vida. Argumentaron que no lo entendían pero que preferían eso antes que alejarse de su único hijo.
Los años corrieron, Jesús fue creciendo. Empezó en la papelería de la colonia en la que tantas veces soñó. Por recomendación del dueño, llegó a las copiadoras de un CCH dónde conoció al primer gran amor de su vida. Sin embargo el éxito y fama lo hizo llegar al circuito universitario. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se convirtió en su nueva casa, ahora sus padres están orgullosos de que el pequeño Jesús pisó la Universidad y se dieron cuenta que a pesar de todo. Su chiquito sí tenía el éxito asegurado.
Imaginemos un niño, todos conocemos a uno o al menos tenemos uno en mente. Ya vieron su cara de ilusión, sus ojos brillosos, los pequeños huecos en su boca producto de los dientes que se cayeron y no han vuelto. El cabello corto y rizado. En pocas palabras, un chamaco condenado a la belleza, al don de la palabra y a la empatía con los demás.
¿Qué proyecta para la vida un niño con ese potencial? Al menos en su casa, su mamá lo imaginaba presidente, actor o el próximo Luis Miguel. Mientras que para su papá, el chico tenía todo el porte y estilo del jugador de futbol, goleador, campeón y galán, pues esos ojos y rizos eran la locura de las niñas de la primaria.
Todos tenían planes para Chucho, algunos más ambiciosos que otros pero todos llevaban el sello del éxito y reconocimiento. Sin embargo, el pequeño siempre había soñado con las copias, lo alimentaba ese ajetreo que sufría el señor de la papelería cuando su local se llenaba pidiendo juegos y juegos de la maestra Lulú.
Admiraba el aroma del papel recién sacado de su bolsa y a pesar de que sólo contaba con diez años bien podía distinguir entre un texturizado, opalina, couché y bond tan sólo con tocarlos. No había duda, su destino era ese. El problema estaba en enfrentarlo y derrumbar los ideales de sus padres en pro de su felicidad.
Jesús pasó durante años noches enteras ideando la forma de contarles a sus papás, pensó escribirles una carta en un papel de seda para que se convencieran con la calidad pero un día supo que ellos no podrían diferenciarlo de una cartulina. Entonces tomó valor, salió al comedor y les dijo: -mamá, papá quiero ser saca copias, no diseñador, no crítico del papel, saca copias.
Añoro la presión de los lunes por la mañana y de la gente que espera ansiosa su trabajo. Me aprendí la tabla de los 50 centavos porque eso valen las hojas…- La señora rompió en llanto, Jesús dejó de hablar y su papá con la decepción en la mirada lo mandó de vuelta a su habitación.
Pasaron días en los que la familia no le dirigió la palabra a Jesús, todas las noches se oía el llanto de su madre seguido de largas pláticas que trataban de entender el porqué de la actitud de su hijo, quien dejaba de lado su vida de éxito.
Pasado un mes los padres de Jesús decidieron hablar, con más lágrimas de las ya derramadas aceptaron su elección de vida. Argumentaron que no lo entendían pero que preferían eso antes que alejarse de su único hijo.
Los años corrieron, Jesús fue creciendo. Empezó en la papelería de la colonia en la que tantas veces soñó. Por recomendación del dueño, llegó a las copiadoras de un CCH dónde conoció al primer gran amor de su vida. Sin embargo el éxito y fama lo hizo llegar al circuito universitario. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se convirtió en su nueva casa, ahora sus padres están orgullosos de que el pequeño Jesús pisó la Universidad y se dieron cuenta que a pesar de todo. Su chiquito sí tenía el éxito asegurado.
En tierra de nadie
“Nos pasamos la vida creyendo que nuestros esfuerzos, nuestro trabajo, lo que conseguimos a cambio de todo eso, son definitivos, estables. Creemos que van a durar; que nosotros vamos a durar. Y un día el cielo nos cae sobre la cabeza. Nada es tan frágil como lo que tienes. Y lo más frágil que tienes es la vida”[1]Territorio Comanche relata un poco lo que es el periodismo de verdad en un momento de crisis, se aleja de palabras clichés y formalidades. Nos enseña el lenguaje rudo, de trabajo común. Las expresiones del miedo, de la sorpresa, de incertidumbre y de gozo al obtener lo esperado.
Nos habla del ambiente social que se vive en la guerra. La tensión y desesperación de los habitantes. La oportunidad, el trabajo y la noticia para quienes van con la tarea de informar. Pero sobre todo pone en la mesa un dilema que los que estudiamos periodismo debemos concientizar. ¿Hay que grabar y cuestionar en un momento en el que lo que más se necesita es ayuda o hay que aprender a brindarla? ¿Cuál es la mejor forma de apoyar?
Arturo Pérez-Reverte es un periodista y escritor de origen español nacido en 1951. Se desempeñó en el ámbito informativo bélico durante 21 años en medios como prensa, radio y televisión. Actualmente es miembro de la Real Academia de la Lengua Española, se distinguió por la colección literaria Las Aventuras del Capitán Alatriste y es el autor del relato periodístico Territorio Comanche.
La historia transcurre en poco tiempo, quizá sólo un par de días u horas. El contexto son las Guerras Yugoslavas. Dos periodistas españoles, Márquez y Barlés tienen como misión grabar los eventos de cada jornada y reportar para el telediario todos los días a la misma hora la información más importante con el toque dramático y noticioso que haga que los televidentes se interesen por la historia que se muestra.
Este relato narra la bipolaridad del periodismo, por un lado las emociones encontradas al vivir en un momento de guerra, al descubrir a seres que sufren, que piden ayuda y no poder hacer más. Mientras que por otro lado está el arrojo de esta profesión, el interés, el hambre de saber, las habilidades necesarias para llegar a los lugares más recónditos y peligrosos, filmar y salir avante.
Más allá de los sucesos, Territorio Comanche cuenta historias y vivencias, anécdotas que construyen de a poco la vida de un periodista de guerra. Hablan de las personas fugaces que se han cruzado por sus vidas y de otras que se han quedado para trabajar y vivir hombro con hombro.
Por momentos puede fungir como instructivo o libro de viaje para el periodista pues enseña cuestiones técnicas. Aconseja a quien lo lee sobre cómo hacer que ciertas imágenes se vean mejor, más atractivas y al mismo tiempo impactantes. Demuestra la importancia que tienen los títulos y entradillas en el gusto del público. Y el goce que les provoca arriesgar sus vidas con tal de aparecer a tiempo para el telediario.
El libro está conformado por seis capítulos, cada uno titulado con ironía pero con un puntero muy fino. Estructuralmente puede que el lector tenga complicaciones debido al uso de regionalismos muy marcados así como al manejo de información y personajes propios a la España de los noventas.
A través de la visión del narrador, conocemos las formas en las que los periodistas se las gastan y comprendemos que a fin de cuentas son humanos y están en una guerra en la que no tienen injerencia alguna.
Informar puede ser a veces una forma de arriesgar la vida, cuando notan que las balas y los cañonazos pasan sobre sus cabezas. Cuando pisan los cristales y escuchan los lamentos de los heridos y la única forma de ayudar es grabando, siendo testigos de la barbarie que es una guerra.
Alguna vez escuché que Territorio Comanche es uno de esos libros que un periodista de guerra necesita hacer. Después de leerlo pienso lo mismo. Debe ser inimaginable la sensación de zozobra al estar en deadline, la desesperanza que se ha de sentir al ver como muere la gente, de oír niños que lloran y de mirar a los que sin miedo en los ojos usan un arma en nombre de una creencia, persona o supuesto objetivo.
Escribir algo como esto tiene que ser liberador, narrar las experiencias debe dejar que en cada palabra se vaya algo de esa inquietud que queda en el cuerpo y en la mente. Supongo que algo así le pasó a Pérez-Reverte pues después de ejercer 21 años el periodismo de guerra cambió de giro y se dedicó por completo a la literatura.
El libro cuenta con toques de ironía la forma y las dificultades que sortean los periodistas para llegar a conseguir información. Hay que relacionarse con narcotraficantes, delincuentes y gentuza en general para poder sobrevivir. Se vuelve necesario sobornar a los policías y militares por protección y para burlar retenes. Eso se convierte en un gasto económico que por lógica no genera comprobantes ni facturas. Aquí otro problema, el dinero que se les da para viáticos debe estar justificado, ¿pero cómo hacerlo en esa circunstancia? Pérez-Reverte a través de Barlés menciona que tienen la necesidad de falsificar esos documentos con tal de que les paguen lo gastado y que los jefes no les regateen las monedas con los que ganaron las exclusivas.
El autor dedica varios párrafos en diferentes secciones para hablar de dos de los vicios que tenían esos periodistas: el alcohol y el sexo (en principio menciona mujeres pero después habla de algunas que buscan hombres). Siendo estas, otras de las fugas económicas constantes y que no son justificables.
En Territorio Comanche se humaniza la figura del periodista, deja de ser ese ente frío que filma y se hace del corazón duro ante la tragedia. Presenta algunos de sus miedos y temores. Los vacíos en la vida no sólo de los protagonistas sino de los periodistas que conocieron en los diferentes conflictos en el mundo. Y el enojo en contra de los que se quedan a esperar información a comodidad y se jactan de saberlo todo, mientras que otros arriesgan el pellejo a cada momento.
Para concluir, menciono que el libro es una muestra del cómo se vive en la intensidad, del temple necesario y hace que los que queremos ejercerlo nos cuestionemos sobre si esto es lo que esperamos o deseamos un modo más tranquilo de ejercerlo. Con libros como este, cada vez más reafirmo mis ganas de estar en la deadline.
El periodista de guerra parece condenado a la vida en soledad, se aleja de su familia, de sus amores, de las pasiones que lo alimentan y que son distintas al oficio, observa como sus colegas llegan y se van, algunos por su pie, otros porque así lo quiso la situación. Llega un momento en el que esperan la muerte, es justo ahí, en el Territorio Comanche. Ese que no es de nadie y sí de todos, ese en el que pasan las bombas, donde algunas se detienen y actúan. “Es en el que si estás demasiado lejos no consigues la imagen y demasiado cerca, no te queda salud para contarlo”.
Pérez-Reverte, Arturo. “Territorio Comanche”. Alfaguara. México. Segunda edición. 1999. Páginas. 115
jueves, 29 de diciembre de 2011
Por el que se va y el que comienza
¿Cómo es que afrontamos las pérdidas? ¿Qué cambiamos, cuando debemos cambiar? ¿En realidad sabemos dejar pasar lo que no vale la pena? Que complicado es a veces pensar en cerrar un ciclo, existe mucha gente que se niega a tirar su ropa vieja, sus juguetes de la infancia o algún objeto que les evoque recuerdos del pasado.
Hay personas que llenan su casa de elementos que jamás volverán a utilizar o que quizá nunca lo hicieron y terminan con alacenas repletas o habitaciones dedicadas a guardar todas esas cosas inútiles. No obstante también existen seres que se dedican a llenar el corazón de cosas sin sentido, de malos momentos, de frustraciones, de cosas inciertas, de rencores y de tristeza, haciendo que cada traslado sea una auténtica mudanza emocional que termina convirtiéndose en una ceguera hacia la vida.
Es difícil darse cuenta que nunca hemos meditado que los verdaderos recuerdos, las sensaciones que revelan sonrisas en los rostros y eso que los hace andar y despertarnos cada día está en nuestras mentes, en el corazón y en la sangre que tantas veces nos recorre el cuerpo. Que tonto es esperar a que algo pase a lo largo de nuestras vidas y darse cuenta que lo único que pasa es la vida misma.
Es por ello que en este año que acaba y en el que inicia no les doy deseos, mejor los reto a buscar y a tratar de encontrar aquello que les hace sonreír, no la felicidad porque eso es entrar en confusiones, se trata de conocer lo que les hace sentir bien, identificarlo y hacer que prolifere en la vida venidera. Hay que sonreír, abrazar, besar, mirar, dormir, soñar y caminar. Haciendo lo que amamos es que vamos a construir un lugar más deseable de ser habitado.
Por eso, mis queridos lectores, para este 2012 espero que la vida les de motivos para continuar y si no es el caso, háganlos, invéntenlos o imagínenlos pero encuéntrenlos y sobre todo, vivan.
Diana Delgado Cabañez
Pd. La mitad de sus uvas no las dediquen a propósitos sino a sueños, y pidan uno por mí, no sean gachos, no les cuesta nada.
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lunes, 21 de noviembre de 2011
¿Cómo sobrevivir a los suegros?
Tanto en la red como en las revistas del corazón, podemos encontrar cientos de artículos que hablan del amor, la pasión o el flirteo bajo títulos como: Luce fantástica para él, ¿cómo ligar en 10 días? o ¿Te estás enamorando? Compruébalo con el siguiente test, pero nadie en ningún lugar nos explica lo que pasará después. Sí, justo cuando ya seguidas las lecciones y haber encontrado el amor llega el momento de conocer a los suegros.
Personas habemos muchas y como lo dictan las leyes de la biología y de la psicología, los rasgos característicos de cada uno varían considerablemente, y supongo que en los suegros no son la excepción. Y aunque es interesante escuchar las pláticas de amigas y conocidas que cuentan sus gratas experiencias con la familia de sus parejas, seamos sinceros y realistas, así no fue desde el principio, todos, la primera vez fuimos atormentados por el miedo de enfrentarlos o por la intimidación que nos aplican con tan sólo escucharlos.
Suegra, suegra, suegra... decir eso es quizás como repetir tres veces Beetlejuice o invocar frente a un espejo la misma cantidad de veces a Bloody Mary, es probable que ese ente aparezca para aceptarnos o rechazarnos definitivamente, así que si después de conocerlos existiera un “próximamente” el futuro de la relación depende de la primera impresión que logremos causar.
Como dicen las abuelitas en sus lecciones para la vida, “hijita, la primera siempre duele”, y vaya que en todo orden de las cosas siempre es verdad. Y cuando se trata por primera vez a la suegra hay que estar atentos porque será el indicio para conocer que tan grande y molesta puede llegar a ser esa piedra en el zapato o esa roca de montaña y con base en eso podremos descubrir cómo se desarrollará la relación entre nosotros y “la nueva familia”.
Convertirse en suegros es un proceso incluso digno de estudios sociológicos, pues en qué momento esos jóvenes de simpatía única y gracia inigualable se convirtieron en verdaderos fanáticos de la vida de sus hijos, capaces de atormentarles la vida a ellos y a sus parejas, quienes ingenuos y temerosos están pasando la misma situación que años atrás sus padres tanto odiaron.
Seguramente muchos dirán que sus suegros son un amor o una adoración y que no tienen más que halagos para ellos pero definitivamente hay de todo en la viña del Señor y de que los hay jodidos vaya que los encontramos y es mejor estar preparados y conocer esos terrenos para que por el bien de nuestra relación surjan muchos acercamientos familiares más.
Pongamos una situación hipotética, una escena imaginaría en la que nos invitan a la casa de los suegros para una comida que ellos organizaron con la finalidad de conocer a la persona desdichada que se está robando a la luz de sus ojos. Seguramente cualquiera estaría que se muere de los nervios mientras acepta y responde con una sonrisita fingida todo lo que los señores cuestionan. Pero en los momentos de soledad, si es que nos dejan uno, nos hemos preguntado: ¿qué demonios hago aquí?
Incluso antes de llegar, hay que pasar una odisea porque hay que elegir entre muchas cosas. La primera es la ropa que se va a usar ese día, no puede ser muy atrevido porque corremos el peligro de que la mamá de nuestro novio no nos baje de pu…ro desastre, ni tampoco debe ser muy recatado porque pasa la situación inversa. Debemos usar algo cómodo y casual, algo que nos distinga, que nos haga ver elegantes y refinadas y así evitar las críticas por cualquier flanco.
Otra cuestión a elegir es qué detalle se llevará a casa de los suegros en forma de agradecimiento por la tortura que nos harán pasar, es difícil decidir cuándo nunca los has visto, pero es ahí en donde entra la pareja o el sentido común, el chiste es llegar puntual y con algo para que no te tachen de codo.
Ya durante la comida, es obligatorio “disfrutarla” y controlar los nervios a pesar de sentirse como insecto bajo el microscopio. Será necesario comer decentemente aunque sean tacos, y si llega a darse la “casualidad” que la suegra preparó algo que detestas, en lugar de decir guácala hay que inventarnos una alergia espontanea a los ingredientes.
Algo que nunca debemos olvidar es que uno de los temores más grandes de las madres es que sus hijos terminen en manos de gente inútil o que todo les de flojera, por eso, será necesario hacer lo que nunca hacemos en nuestras casas, lavar los trastes, levantar la mesa, ofrecer ayuda en la cocina y quizá servir y repartir algún platillo, lo importante será no quedarse haciendo nada.
Para colmo, mientras se cumple todo lo anterior es necesario cuidarse al hablar, un comentario fuera de lugar como: “su hijo tiene problemas con el alcohol” o que mientras miran las fotos familiares mencionar: “espero que su hijo no herede la calvicie de su abuelo”, pues cualquiera de las anteriores puede echar a perder toda la velada. También hay que evitar las discusiones porque cualquiera de los suegros te dijo “accidentalmente” el nombre de la ex de tu novio.
Por último, una de las cuestiones más importantes a impedir durante la estancia en la casa de los suegros, serán los cariñitos, que por más merecidos que se tengan después de soportar el infierno no deben manifestarse, pues la familia lo puede tomar como un insulto a la moral o una falta de respeto a la “inocencia” de la pareja.
En cualquier sociedad del mundo los suegros son toda una institución, una marca registrada, casi un estado, son como la burocracia, siempre imposibles de evitar, pero si lo que sentimos por nuestra pareja es realmente amor, sólo nos queda como dicen las abuelitas “huir por la derecha” y aprender a quererlos o a soportarlos con el paso del tiempo.
Deberíamos incentivar a los expertos a elaborar un manual que se llame: “¿cómo sobrevivir a los suegros?” O mínimo que en las revistas del corazón, al lado de los artículos para enamorarse exista un espacio titulado: “Sobreviví”, en donde los afortunados cuenten sus amargas experiencias y las formas que utilizaron para sortearlas, y que sirvan de consejo para los nuevos jóvenes y no tan jóvenes que atormentados se enfrentan al evento que cambiará sus vidas.
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